García Meza


Se impuso el asesinato, la tortura, la censura a la prensa y una feroz represión contra cualquier resistencia.

La Razón (Edición Impresa) / Reymi Ferreira

00:12 / 02 de mayo de 2018

Aún recuerdo el fatídico 17 de julio de 1980, cuando un tanque bajaba por la calle Junín para dirigirse al campus universitario de la UAGRM en Santa Cruz. También recuerdo las transmisiones de radio que informaban el asalto a las oficinas de la Central Obrera Boliviana (COB) y anunciaban la instalación de una junta militar encabezada por Luis García Meza, personaje atrabiliario y brabucón de rostro embrutecido. Se imponía así el último golpe de Estado en Bolivia.

El primer decreto de la dictadura declaraba “objetivo militar” a quien circulara después de las 18.00 horas hasta las seis de la mañana. También se prohibían las organizaciones políticas y sindicales, y se dejaban en suspenso las garantías constitucionales. Solo en el primer día del golpe fueron asesinadas decenas de personas, entre ellas Marcelo Quiroga Santa Cruz y los dirigentes sindicales Carlos Flores y Gualberto Vega. Los centros mineros resistieron dos semanas, pero finalmente fueron brutalmente asaltados, luego de varios bombardeos aéreos.

Se impuso el asesinato, la tortura, los campos de concentración, la censura total a la prensa y una feroz represión contra cualquier intento de resistencia; como la del 15 de enero de 1981, cuando fueron asesinados a mansalva los miembros de la dirección nacional del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

En Santa Cruz, el panfleteo o prendido de afiches contra la dictadura era considerado un atentado contra la seguridad del Estado, y se castigaba en el mejor de los casos, si se era menor de edad, con la detención por algunos días y severas palizas; en otros, podía llevar al “terrorista” a un campo de concentración o a la desaparición, como ocurrió con un compañero del que nunca más supimos. Los asilados en las embajadas pasaron de la centena y los exiliados fueron más de 1.000. La lógica represiva fue muy parecida a la del exdictador Hugo Banzer Suárez; la misma crueldad y saña se repitieron sistemáticamente, encabezadas por los paramilitares.

Ha fallecido Luis García Meza, conductor de esa orgía de sangre y represión, y su muerte nos trae a la memoria aquellos días en los que había que “andar con el testamento bajo el brazo”, como lo anunció Luis Arce Gómez, ministro de la dictadura.

Para variar, algunos en la oposición pretenden sacar rédito de la muerte de este criminal, y no ha faltado algún majadero que quiera comparar la sanguinaria dictadura garcíamezista con el actual Gobierno. Definitivamente quienes afirman semejante despropósito no tienen la supina idea de lo que es una dictadura.

Otra afrenta a la memoria de las víctimas de aquel gobierno de facto es el pedido de “honores militares” para el exdictador manifestado por algunas voces. Estos pedidos fuera de lugar ignoran el daño que hizo al país un régimen que se sustentó en el narcotráfico y el terror. Pero no debe sorprendernos nada ya, muchos de los actuales “demócratas” fueron partidarios de Banzer, quien gracias a la frágil memoria incluso llegó a ser presidente con el 22% de los votos en 1997, vía cuoteo parlamentario.

Justamente la falta de memoria es la que hoy permite que se ignore el verdadero sentido de una dictadura y se manipule el uso de esta palabra. Lo único de lamentar con la muerte de García Meza es que se lleva a la tumba el lugar donde se encuentran los restos de Marcelo Quiroga Santa Cruz.

FUENTE: http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/Garcia-Meza_0_2921107862.html


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