“El bien amado”, Odorico “coto” Paraguazú Moreno


En estos días tan agitados en la vida política del pueblo me picó la curiosidad de conocer cuál es la relación entre un Alcalde corrupto y los pocos correligionarios que le quedan, pero que lo adoran e idolatran, así que puse en el buscador de internet lo siguiente: “Alcalde corrupto y bien amado”.

Saben qué me salio entre las primeras opciones de la lista de mi busqueda? Una famosa telenovela brasileña: “O bem amado”, “el bién amado”. Tenía que verla, pues los resúmenes y comentarios que se hacían eran por demás buenísimos. Luego de verla, debo coincidir con dos buenas sinopsis que escribieron un paraguayo y un mejicano, el impacto y éxito de esa telenovela fue rotundo y latinoamericano”.

Compartimos con Uds. las 2 sinopsis y luego comentamos:

“El bien amado”, del dramaturgo Alfredo Dias Gomes, Interpretado magistralmente por Paulo Gracindo, aquí junto a las hermanas Cajazeiras (Dulcinea, Dorotea y Judú) que eran las solteronas del pueblo.

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Los peligros de los bien amados”

Publicado por José Elías Romero Apis  (Abogado y político) w989298@prodigy.net.mx

Domingo 2 de diciembre de 2012

El personaje central es un político pueblerino, taimado y corrupto, de nombre Ordorico Paraguazú, que actúa en el poblado de Sucupira, el más remoto e insignificante del próspero estado norteño de Bahía.

Allí logra imponerse como alcalde y adopta un discurso bofo y guango basado en una promesa que a la población no le interesa para nada: La instalación de un panteón del cual carecía el poblado.

La importancia histórica que le atribuye al campo santo lo lleva a creer en su propia charlatanería. Todos los sucupiritenses seguían desinteresados en el hecho de que sus muertos fueran enterrados en su localidad o en la vecina.

Pero Paraguazú se obsesiona con lo que llega a considerar sería la obra más importante del villorrio, del estado y, quizá, hasta del país entero. Que, con ello, aseguraría su futuro escaño como diputado o como senador.

Lo construye, desde luego, en terrenos suyos que ha vendido a precio altísimo a la alcaldía. Pero una vez concluida tan insignificante obra de aplanado y bardeado, encuentra un problema no previsto por él. La inauguración de tan “magna obra” requería de un difunto y esto se convierte en su desastre.

Por más que lo intenta, milagrosamente dejan de morir gentes en su feudo. Un eminente médico de la capital, por razones de desgracia personal, decide abandonar el mundo de la fama y del elogio, y se refugia para vivir en Sucupira.

Allí encuentra el amor, precisamente en la hija del alcalde, una brasileña moderna, bella y mentalmente sana que no tiene nada en común con su deschavetado progenitor.

La presencia de tan capacitado galeno cancela todas aquellas enfermedades pueblerinas que son una calamidad en los pueblos pequeños del tercer mundo. Por lo tanto, el alcalde consideró a su fáctico yerno como su más grande enemigo.

Desesperado ante la falta de difuntos, resolvió amnistiar y recibir en el pueblo a un despiadado asesino que había sido confinado al monte desde veinte años atrás. Lo hace con la finalidad de que repita sus fechorías. Pero el hombre regresa convertido en un franciscano lleno de amor para los humanos, para los animales y para las plantas.

En un clímax llega un momento hilarante en que el gobernador de Bahía se comunica por primera vez con él. Ingenuamente piensa que lo va a felicitar por su tan importante obra. Pero, en vez de ello, telefónicamente da una noticia que le agrada. Le informa que se acerca un huracán que puede provocar inundaciones catastróficas y que hay que tomar medidas de evacuación y protección civil para evitar muertes. Obviamente, no hace nada. Pero, para su mal, el meteoro se desvía y, en medio de un sol radiante, no hay pérdidas que lamentar. Allí llega a considerar que hasta el cielo está en su contra.

Después de varias semanas de transmisión televisiva llegó el desenlace. Desde luego toda la historia estuvo salpicada y aderezada de incidentes finamente diseñados.

Su colaborador principal, un estúpido secretario designado precisamente por imbécil, con todas las conveniencias que esto tenía para su taimado y abusivo jefe. Amoríos, hipocresías, corruptelas, engaños y una serie de contrasentidos del buen gobierno y de la salud del hombre de Estado, fanatizado con una obra igualmente sin importancia para sus gobernados.

Y por eso hoy me pregunto si a nuestro pueblo, tan urgido de empleo, de seguridad, de justicia, de salud, de educación, de vivienda y de esperanza, le interesa nuestra reforma del Estado, o de energía, o del erario o de tantas cosas que no entiende ni le estimula para suponer que lo estamos llevando a una vida mejor.

Al final de la historia, fue el deceso del propio alcalde lo que permitió la inauguración de su obra cumbre y única. Lo enterraron en soledad. No asistieron ni el gobernador ni el pueblo. Nadie lo extrañó. Y todos los habitantes de Sucupira siguieron considerándolo un imbécil, a pesar de su lápida en donde se le aludía como el alcalde bien amado.

Fuente completa de la sinopsis: http://revista.impacto.mx/Columnas/Sociedad-y-Justicia/395-Los-peligros-de-los-bien-amados

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Ahora, conozcamos lo que escribe un paraguayo.

Una sensación de Déjà-vu

Publicado por: Luis Bareiro | Domingo 22 Agosto 2010

Odorico Paraguazú era el intendente de la pequeña localidad litoralence de Sucupira, una pintoresca comunidad nacida de la creatividad literaria del escritor bahiano Alfredo de Dias Gomes y convertida en uno de los mayores éxitos de la televisión brasileña: O bem amado, primera telenovela a colores de la Rede Globo.

Sucupira se presentó a los sorprendidos televidentes de los años setentas como una saludable parodia de la clase política corrupta y bananera que se había hecho con el poder en toda la región.

Odorico era una caricatura de los intendentes, parlamentarios y dirigentes políticos latinoamericanos de aquellos años, una notable colección de populistas, dictadorzuelos y burócratas de enormes ambiciones y ningún escrúpulo.

En el caso del prefecto de Sucupira, toda su obra de gobierno se reducía a la construcción del cementerio municipal que pretendía inaugurar antes de terminar su mandato.

Solo que en el aletargado pueblito brasileño la parca pasaba de largo. Los sucupiranos tenían la mala costumbre de no morirse.

Ante la irritante longevidad de sus conciudadanos, Odorico pergeñaba los más truculento planes para conseguirse un respetable difunto con quien habilitar el camposanto, pero ninguno daba resultado.

Azuzó los fanatismos políticos buscando un enfrentamiento armado en la placita del pueblo, un intercambio de plomo que acabó con su Palacio cocido a balazos, pero sin bajas que celebrar.

Alimentó las inseguridades del boticario del pueblo esperando que uno de sus cuadros depresivos acabara en suicidio; pero el pobre infeliz era demasiado torpe como para completar las detalladas instrucciones que le dejaba Paraguazú, preocupado siempre -como se encargaba de explicarle- de que lograra una autoeliminación honorable y -sobre todo- exitosa.

Al borde de la desesperación, Odorico contrató los servicios de un temido asesino, Zeca Diablo, personaje encarnado por el actor Lima Duarte que se hizo popular en Paraguay promocionando la venta de caños de plástico.

Zeca Diablo, que en el boceto original de la novela tenía apenas una intervención menor, se convirtió en la contracara de Odorico y en uno de los personajes más entrañables de la televisión brasileña.

Odorico pensaba que con el arribo del matador la historia estaba completa.

No contaba con un detalle: Zeca Diablo tenía reglas; solo mataba a los malos, y en aquel pintoresco pueblito había apenas uno; su empleador.

Así, tras cientos de intentos frustrados, Sucupira tuvo un muerto expectable para inaugurar el cementerio municipal; el propio Odorico.

Cuando la pasaron aquí yo era un niño de siete u ocho años, pero la historia me quedó grabada en la memoria.

No supe que era una deliciosa burla de la realidad política sino hasta muchos años después, cuando empecé a tomar conciencia del país en el que vivía.

Lo notable es que a casi cuatro décadas de aquella producción todavía es posible encontrar versiones locales del personaje.

Lo recordé hace unos días cuando observaba en el canal la edición de una entrevista que le hicieron al presidente del Congreso, el senador Óscar González Daher.

Entre las imágenes eliminadas había unas que grabó el camarógrafo tras la nota donde el senador intentó explicar, sin mucho éxito, por qué muchas de su medio centenar de propiedades tenían registros adulterados en la Municipalidad de Luque, lo que le permitió evadir millones de guaraníes en impuestos.

El hombre es dueño de media ciudad. Casi todos los cargos públicos importantes en Luque son ocupados por sus recomendados.

El mito y la realidad se confunden cuando se habla de toda la extensión de su poder.

Un verdadero padrino.

Pero voy a las imágenes. El hombre estaba apoyado contra un escritorio mientras seguía explicando de dónde consiguió tantas propiedades. Arrancaba y cerraba cada oración con una palabrota. Gesticulaba, se secaba el sudor de la frente con el dorso de la mano y se acomodaba las partes íntimas.

La escena parecía calcada de un episodio de O bem amado, uno en el que Odorico intentaba convencer a Zeca Diablo de que él no era el malo.

La sensación de déjà-vu aumentó cuando apareció en pantalla el fiscal que investiga el caso: Arnaldo Giuzzio.

El mismo ceño fruncido y el bigotón de Zeca Diablo.

Que notable.

Solo falta que Luque esté por inaugurar una cárcel.

Fuente completa: http://blogs.ultimahora.com/post/3618/94/index.html

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“O bem amado” Odorico “coto” Paraguazú Moreno, en una escena teatral con sus correligionarios en Santa Cruz (08-10-12) “Cualquier parecido con la telenovela, no es coincidencia.”

Volviendo a nuestra realidad Nacional y Local

Aunque sepamos que la relación más obvia y lógica entre el Alcalde y  sus correligionarios más cercanos, son de órden económico, que varía en relación directa con “la cantidad de ceros” de los cheques de sus “negocios oficiales”. Es decir, a mayor “cantidad de ceros”, son más fieles y cercanos. Quería realizar este pequeño ejercicio literario para despertar la imaginación de los pocos lectores que tenemos.

Como a ámbos autores de las sinopsis (el mejicano y el paraguayo), lo mismo me ocurrió a mi y es que precísamente ahí radica la genialidad de esta parodia teatral política en forma de telenovela.

Cuando se dice de esta obra, “cualquier parecido con nuestra realidad es mera coincidencia”. Entre la ciudad ficticia de Sucupira con su corrupto Alcalde y Camiri con el suyo, no existe ninguna diferencia. Las comparaciones entre esa fabulosa comedia teatral y nuestra realidad son sencíllamente deliciosas, si hasta parece que Camiri fuera la Sucupira del siglo 21.

Por lo que pudimos averiguar, esa telenovela brasileña “El Bién Amado”, también tuvo un éxito enorme en Bolivia, al punto que me cuentan que las calles se quedaban vacías cuando comenzaba “El Bién Amado” para ver las aventuras y desventuras del corrupto Alcalde del pueblo de Sucupira.

Por ámbas sinópsis y comentarios, no es dificil saber por qué tuvo tanto éxito esta telenovela. Pues, entre la ficción y la realidad casi no hay diferencia. Comparas a los dos Alcaldes: Odorico Paraguazú ó Gonzalo Moreno, Gonzalo Moreno u Odorico Paraguazú, no hay diferencia, ni siquiera en el carisma y la sonrisa entre cínica y siniestra de ámbos personajes.

Sería bueno que algún canal Nacional o de Camiri, vuelva a las pantallas esta magistral producción brasileña. Parodias políticas tan finas y brillantes, existen muy pocas. Pero, cómo inspiran “los Odoricos” de estos tiempos!!

Otra escena de las aventuras y desventuras del Odorico Camireño, “coto” Paraguazú Moreno, marchando por las calles de “Sucupira” junto a sus correligionarios.

Por si acaso y para no desentonar con los demás autores, el Odorico Paraguazú de Camiri, Bolivia, también quiere inaugurar su archimegaobra estrella del siglo, pavimentar 200 cuadras de Sucupira! Una obra que nos endeudaría a todos los que vivimos en Camiri, hasta “el coto”.

Una obra, que costaría una fracción de los 40 millones de Bs. con que nos quiere endeudar “el bien amado” Odorico “coto” Paraguazú Moreno, si arreglara como debe ser las losetas. No es que estemos en contra del pavimento, pero después de ver sus obras pavimentadas que se están rajando y llena de parches, que se inauguran y destruyen en su misma gestión, que coloca faroles y luminarias maravillosas de tubos de neón por la ciudad que a los 3 años tienen que ser cambiadas completamente, porque surgieron otras mas maravillosas y costosas, la lista de hechos de corrupción daría para inaugurar una biblioteca. Así las cosas, a cualquier viviente de Sucupira, le entran dudas.

Por si acaso, el presupuesto anual del Gobierno Municipal de Camiri, es aproximadamente de 30 millones de Bs.

“Oh! Bién amado” alcalde de Camiri! Por qué odia tanto a su pueblo Sucupirense? Es que acaso cree que nadie se dá cuenta de que quiere endeudarnos tanto, que quién sea Alcalde en las próximas elecciones, no podrá hacer otra cosa que dedicarse a pagar las deudas que Ud. estaría dejando? Y con ello, asegurar su futura reelección? Es que acaso cree que todos somos “cotudos” en Sucupira?

(en una escena de la futura adaptación teatral para Camiri y antes de “hacer su trabajo”)

“Zeca Diablo” le pregunta:

¿Por qué cree su iluminada eminencia, que nadie más que Ud. puede controlar el Municipio de Sucupira?

“O bem amado” Odorico “coto” Paraguazú Moreno, contesta:

“Porque, nadie más que yo! y solamente yo!!, Odorico “coto” Paraguazú Moreno! Tiene la capacidad, la inteligencia y “el coto”, para convertir Camiri, en un cementerio!! hé dicho!!”

Hay tantas semejanzas entre Sucupira y Camiri! que me quedé corto en las comparaciones. Pido disculpas. Una adaptación teatral para Camiri, no sería dificil, no creen? Además de que sería un grán aporte literario cultural! ^_^

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