Archive for category Nuestro Continente

Bernie Sanders explica la política externa de los EEUU

Cada vez que escuchen a Evo rajar contra el imperio gringo EEUU y algún vendepatria diga lo contrario, metanle este video,…a los ojos.

Este material tiene alto valor educativo porque Bernie Sanders no es cualquier político de EEUU. Debería impartirse en todas las aulas de historia de Bolivia.

Y si el facho vendepatria que odia visceralmente al presidente Evo Morales se enojara:


 

Xel

Mayo 30, año 83 DFC

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El odio – Documental sobre la campaña electoral contra Lula

“El odio” describe la campaña de desprestigio impulsada contra Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores en Brasil, demostrando como ese proceso catapultó a Jair Bolsonaro a la presidencia.

(documental de Andrés Sal-lari)

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El Robo – película documental sobre la privatización y capitalización en Bolivia

¿Cómo ocurrió este robo? Cuál es el precio de un país? Cómo permitimos que pasara esto?

Para que no vuelvan a cometer semejante ultraje y asalto a nuestro país, es necesario recordar estos hechos históricos, nefastos para nuestro futuro y desarrollo. El daño del robo con fachada de privatización o capitalización asciende en la actualidad a $us 21.000 millones.

Un gran trabajo de recopilación y documentación que sin duda molestará a los ‘amigos de lo ajeno’, esos que viven de la política.

La tarea pendiente es divulgar, discutir, analizar y aprender, para luego decidir.

Xel

Abril 20, año 83 DFC

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El neoimperialismo y las guerras en 3D: el caso Venezuela

Por: Noel Alejandro Nápoles González 

Las mentiras, hijo mío, se descubren enseguida,

porque las hay de dos clases: las mentiras que tienen

las piernas cortas y las mentiras que tienen la nariz larga…

Carlo Collodi, Pinocho

Lo que sucede hoy en Venezuela reclama la actualización de la teoría sobre el imperialismo. El libro de Lenin ha sido desbordado por la historia. El hecho es que, desde mediados del siglo XX, la base económica del imperialismo ha mutado y en consecuencia ha surgido una superestructura que la refleja y la refuerza. Este es un tema que he abordado en ocasiones anteriores[i] y que ahora solo tomo como punto de partida.

Estamos ante un imperialismo de nuevo tipo, que incluye al anterior pero lo supera en complejidad. Este neoimperialismo se caracteriza, a grandes rasgos, por lo siguiente:

1. El capital global y la globalización capitalista. El vertiginoso desarrollo de los medios de comunicación, desde el inicio del siglo XX, potenció el rol del capital comercial, el cual, poco a poco, se fue articulando con el capital financiero (fusión del bancario con el industrial) hasta crear el capital global con su respectiva oligarquía. Esta unión de las tres formas del capital en un solo haz es la base de la globalización capitalista.

2. Los monopolios de la información y la hegemonía. La posibilidad real de manipular no solo la oferta sino la demanda, determina el protagonismo, entre los monopolios tradicionales, de los monopolios de la información. Estos informan noticias que deforman la realidad, con el objetivo de conformar una opinión pública incapaz de reformarla y mucho menos de transformarla. La misión política de los monopolios de la información es fabricar el consenso a favor del capital, es decir, convertir su dictadura en hegemonía.

3. La exportación de ideas y el empirismo comunicativo. A la exportación de mercancías y capitales se le ha sumado la exportación de ideas. Para ello se traza una política mediática que refuerza mensajes que hacen hincapié en los sentidos y la comunicación, en detrimento de la razón y la práctica. Este empirismo comunicativo, capaz de convertir a las personas en receptores pasivos de información,  constituye el complemento ideal de la exportación de modelos ideológicos.

4. El reparto cultural del mundo y las guerras en 3D. El reparto del mundo no solo es económico y territorial sino, sobre todo, cultural. Su axioma es elemental: quien controla las mentes domina los territorios y los mercados. En consecuencia, las guerras se hacen en tres dimensiones, es decir, se dirigen hacia el control de zonas estratégicas, la explotación de recursos naturales y el derribo de obstáculos ideológicos que frenen lo anterior. Todas las guerras imperialistas de la historia han apelado a un pretexto; lo nuevo en este caso es la posibilidad real que tienen los monopolios de la información de engañar a la opinión pública.

Dicho de una vez, el  neoimperialismo es la época del capital global, en la que los monopolios de la información exportan su ideología y se reparten el mundo culturalmente, mediante el empirismo comunicativo y las guerras en 3D, con el fin de garantizar la hegemonía y la globalización del capital a escala planetaria. Solo hay que tener en claro una cosa: el neoimperialismo, no por  nuevo, deja de ser imperialismo. Es solo un nivel de mayor complejidad, el cual exige un enfoque integral.

Lo que sucede hoy en la República Bolivariana de Venezuela es un ejemplo típico de guerra en 3D. Pero pongamos el texto en su contexto para evitar pretextos.

La cruzada contra el terrorismo iniciada por la administración Bush en 2001 tuvo como justificación los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, que fueron el pie forzado para la cacería de Al Qaeda. Luego vinieron las guerras contra Afganistán, Irak, Libia y Siria, así como la escalada contra Irán, cada una según un pretexto particular: ocultar a Bin Laden, poseer armas de destrucción masiva, producir armas nucleares, etcétera. Esta cruzada fue una guerra neoimperialista porque no solo pretendía controlar una zona estratégica y sus recursos petroleros, como se ha dicho una y otra vez, sino sobre todo derribar la Gran Muralla del Islam, que frena la penetración cultural de Occidente en el mundo musulmán. Esto se hizo particularmente evidente en el caso de Irak, donde no por casualidad se destruyeron y saquearon bibliotecas, museos y sitios arqueológicos: había que destruir un símbolo, desmontar la cuna de la civilización occidental, terminar en Bagdad la historia que empezó en Súmer.  La guerra en 3D persigue, a corto plazo, un lugar; a mediano plazo, un recurso; a largo plazo, una idea. Tal es el esquema.

Mientras los gobiernos norteamericanos de turno se concentraban en el Oriente Medio, la izquierda fue ganando terreno en América Latina. Nada más que se levantó un poco la bota norteamericana, y los pueblos latinoamericanos, como si fuese su tendencia natural, giraron a la izquierda. Fue entonces que surgieron y empezaron a consolidarse procesos populares como el de Chávez en Venezuela, el de Correa en Ecuador, el de Evo en Bolivia, el de Mujica en Uruguay, el de Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, el de Lula y Dilma en Brasil y el de Daniel Ortega en Nicaragua. Hubo intentos de subversión contra Chávez y Correa, más un golpe de Estado a Zelaya en Honduras, es cierto; no obstante, la tendencia histórica estaba a su favor.

Pero a finales del gobierno de Obama, y sobre todo desde que apareció la administración Trump, se ha venido desplazando el centro del interés norteamericano nuevamente del Oriente Medio a América Latina. A consecuencia de ello, el panorama ha ido cambiando. En casi todos estos países se ha producido un viraje a la derecha o se han creado crisis que han puesto en jaque a los gobiernos de izquierda. Hemos tenido de todo: traiciones al más alto nivel, como la del ecuatoriano Lenín Moreno y la del uruguayo Luis Almagro en la OEA; muertes dolorosas, como la de Chávez y la de Fidel; golpes de Estado legales, como el aplicado a Dilma, y encarcelamientos, como el de Lula en Brasil; votaciones populares a favor de la ultraderecha, como en Brasil y Argentina; persecuciones contra expresidentes, como sucede con Cristina y Correa; manifestaciones agresivas, como las de Nicaragua; y se han ensayado todas las técnicas de subversión contra la revolución bolivariana que lidera el presidente constitucional Nicolás Maduro.

La arremetida actual contra Venezuela tiene todas las coordenadas de una guerra en 3D. Para el neoimperialismo norteamericano esta guerra es necesaria porque Venezuela posee enormes reservas petroleras certificadas, funciona como pivote entre la América del Sur y el Caribe, y sobre todo ha liderado la izquierda latinoamericana en las últimas décadas. Lo otro es hacerla posible a partir de la creación de cuatro crisis escalonadas:

1. Se confiscan las propiedades de PDVSA en EE. UU. y se bloquean las cuentas bancarias del Estado en terceros países, con el objetivo de desatar una crisis económica.

2. Una vez que esta situación impacta al pueblo venezolano, se produce una crisis social que el propio gobierno bolivariano debe afrontar.

3. Dicha crisis es magnificada por los medios de comunicación y se activa la matriz de opinión de que existe una “crisis humanitaria” en Venezuela.

4. Se apela a organismos internacionales como la OEA y la ONU para justificar una invasión y crear una crisis militar, que permita derrocar a Maduro.

Pero, además, aquí están todos los ingredientes del neoimperialismo. El capital global es un iceberg que apenas deja ver la cara del multimillonario inglés Richard Branson, organizador del concierto de música en la frontera de Colombia y Venezuela. A través de él, los grandes monopolios de la información tratan de fabricar un consenso contra la Revolución bolivariana, apelando a un show que involucra a cantantes de habla hispana que arrastran multitudes. La necesidad militar se disfraza de placer musical. Es lo que un periodista cubano llamó certeramente “complejo militar-musical”.

Sin embargo, todo el montaje, toda la hegemonía construida, se les derrumba en treinta segundos, cuando la española Arantxa Tirado publica en la web las imágenes de un establecimiento de McDonald´s, en Caracas, donde la gente merienda en paz. Entonces, el neoimperialismo se quita la careta y aparece el verdadero rostro de la  dictadura, persiguiendo con saña a la española que osó retar su poder omnímodo.

Hay ciertos corolarios en todo esto que debiéramos aprender de memoria:

1. La primera línea de combate hoy es el ciberespacio. Recuérdese lo que Lula le confesó a Frei Betto, acerca de que no habían sabido manejar la web tan bien como la derecha brasileña. Solo una izquierda diestra en internet puede contrapesar a la siniestra derecha.

2. El neoimperialismo, en gesto biónico, imita a la  naturaleza, que convierte la necesidad de preservar la especie en el placer del sexo. Esa es la base de su hegemonía.

3. No basta con decir la verdad, hay que saberla decir con ciencia y con arte, hacerla profunda y amplia, pero también disfrutable.[ii]

4. Si la escuela de hoy no enfatiza en obtener el conocimiento a partir de la práctica y la razón, estaremos contribuyendo a crear receptores pasivos de información, víctimas de la estrategia mediática, que explota los sentidos y la comunicación.

5. Un pueblo incapaz de razonar su práctica histórica es vulnerable a la manipulación de los medios.

6. La principal zona de combate no es la trinchera ni el congreso, es la familia. Es en ella donde se ganan o se pierden los debates decisivos.

7. Las fake news son true lies. La propaganda neoimperialista es una mentira construida a base de noticias falsas, pero funciona.

8. La izquierda necesita un mecanismo de contrapropaganda ágil, inteligente, capaz de desmontar falsedades. La verdad ha de ser, no solo más viril, sino también más viral que la mentira.

9. Los medios temen a la razón y a la práctica porque saben, por experiencia histórica, que la revolución es el arma más poderosa de la verdad y que la verdad sigue siendo el alma indiscutible de toda revolución.

 

Notas:

[i] Véase “El neoimperialismo. Del libro de Lenin a la  espiral de Tatlin” (tres partes), en La Jiribilla, no. 849

[ii] A propósito existe un texto ejemplar de Bertolt Brecht titulado “Cinco dificultades para decir la verdad”.

FUENTE: http://www.pensandoamericas.com/el-neoimperialismo-y-las-guerras-en-3d-el-caso-venezuela

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Un PROSUR para la desintegración regional

La creación del Foro para el Progreso de América del Sur (PROSUR) fue anunciada por Iván Duque el 14 de enero, 11 días antes de que comenzara la ofensiva contra Venezuela. Pero no fue hasta el pasado 22 de marzo cuando se llevó a cabo la cumbre en Santiago de Chile que se institucionalizó la nueva instancia internacional cuyo objetivo es ser la alternativa a la UNASUR.

La Declaración Presidencial sobre la Renovación y el Fortalecimiento de la Integración de América del Sur, también conocida como Declaración de Santiago, que crea PROSUR, fue firmada por los presidentes de Argentina, Mauricio Macri; Brasil, Jair Bolsonaro; Chile, Sebastián Piñera, Colombia; Iván Duque; Ecuador, Lenín Moreno; Paraguay, Mario Abdo Benítez, y Perú, Martín Vizcarra; a quienes se sumó el embajador de Guyana en Chile, George Talbot. De los países firmantes, Chile sostendrá la Presidencia pro tempore durante los próximos 12 meses y, luego, será Paraguay el país que la ostentará.

Si bien no estuvieron representados por sus presidentes, Bolivia, Surinam y Uruguay participaron como observadores en las conversaciones que dieron lugar a la Declaración, aunque se abstuvieron de rubricar el acta. Al respecto, el vicecanciller de Uruguay, Ariel Bergamino mencionó: “no concebimos ningún ámbito de integración con exclusiones de ningún tipo; un ámbito de integración con exclusiones no integra, es contrario a su propia naturaleza”.[1]

Los fundadores del recién nacido foro provienen del Grupo de Lima y, como tal, heredan el objetivo de continuar impulsando una política de bloques en la región, que buscan institucionalizar a través de esta nueva instancia, y que, en definitiva, sigue la línea intervencionista que se viene promoviendo desde la Casa Blanca y que ha sido alentada en los meses pasados por los gobiernos de la derecha regional.

Así, el foro deja fuera a Venezuela bajo el supuesto de que el actual Gobierno no ostenta los requisitos esenciales[2] para participar del mismo, si bien –paradójicamente– invita a participar al autoproclamado presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó (quien finalmente no fue a la cumbre). Esto hace evidente que, contrario a lo que se indica en su acta de constitución,[3] la propuesta refleja una identidad ideológica excluyente que busca ahondar las diferencias entre los países suramericanos.

Después de abandonar en bloque la UNASUR –una decisión que fue discutida en el marco de la VIII Cumbre de las Américas, celebrada en Lima entre el 13 y 14 de abril– los países del Grupo de Lima desarrollaron todo un andamiaje discursivo orientado a defenestrar la labor de este organismo, calificándolo de ineficaz en su función de coordinación intergubernamental. Por ello, la creación de PROSUR se erige bajo el presupuesto de la “infectividad” de la UNASUR para continuar siendo espacio de diálogo en la región. Sin embargo, en su argumentario, los creadores de la PROSUR obvian los logros de la UNASUR como garante, desde 2011[4], de la integración, diálogo y solidaridad regional, lejos de la geopolítica estadounidense, entre otros:

  • Controlar las amenazas a la democracia en varios países de la región. Destacan las misiones electorales y cooperación técnica entre organismos electorales haciendo respetar la voluntad de los pueblos de la región.
  • Dirimir la tensión entre la Colombia y Venezuela, durante los gobiernos de Álvaro Uribe y Hugo Chávez.
  • Construir progresivamente de una visión compartida en materia de defensa regional.
  • Crear un centro regional de solución de controversias en materia de inversiones y libre movilidad humana en la región. Potenciar el desarrollo en materia de integración energética, ferroviaria y de telecomunicaciones.
  • Buscar consensos en el marco del Consejo Sudamericano de Lucha contra el Problema Mundial de las Drogas, logrando una posición regional ante la Conferencia de Naciones Unidas sobre drogas en el 2016 (UNGASS).
  • Implementar proyectos para la puesta en marcha de un banco de precios de medicamentos y el mapeo de las capacidades regionales para la producción de medicinas.
  • Desarrollar un sistema de Información Geográfica, como herramienta de georreferenciación para orientar la planificación y la gestión de la integración física en Suramérica, a través de información digital estandarizada a nivel continental.
  • Crear la Agenda de Proyectos Prioritarios de Infraestructura (API).[5]

Consecuencias inmediatas

En tanto el avance de PROSUR va en detrimento de UNASUR, cabe mencionar algunas implicaciones inmediatas que podría tener la desactivación del organismo creado hace más de una década y que han sido identificadas por su exsecretario general, Ernesto Samper:[6]

  • El trámite de retiro de algunos países de la UNASUR se encuentra regulado y se deben respetar los tiempos pactados para adelantar el proceso, honrar los compromisos financieros pendientes y cumplir las normas constitucionales de cada Estado, que obligan a someter a los órganos legislativos a la denuncia del Tratado Constitutivo de UNASUR para poder concretar el abandono de la entidad.
  • El retiro de UNASUR supone el abandono de derechos como los permisos temporales de trabajo que hoy benefician a más de tres millones de trabajadores, la utilización de los documentos nacionales de identidad, como pasaportes, o los descuentos de valor de medicinas y vacunas, obtenidos por el Instituto Suramericano de Gobierno en Salud, ISAGS.
  • La salida de la UNASUR implica la renuncia al trabajo concertado y acumulado durante más de diez años y se traduce en las agendas sectoriales en materia electoral, de salud, educación, infraestructura, lucha contra el crimen organizado, cultura y defensa.

Cambios en la geopolítica regional

La creación de PROSUR instala una mayor crisis de institucionalidad internacional en la región. Con una OEA que carece de legitimidad, la mayoría de los países que integran PROSUR abandonaron UNASUR, mientras CELAC ha quedado, por el momento, debilitada.

El Grupo de Lima, sin consenso y prácticamente desaparecido, da paso a PROSUR, el cual tampoco tiene consenso, y su principal objetivo, declarado por Duque, es sacar a Nicolás Maduro de Venezuela, pero respetando la soberanía de las naciones sudamericanas.[7] Argentina, Chile, Colombia, Brasil, Ecuador, Perú y Paraguay han modificado sus relaciones en los últimos años (salvo Colombia que tiene una relación histórica estrecha con EE. UU.), acercándose más a las directrices de EE. UU. en esquemas de seguridad, lucha contra el narcotráfico y acuerdos bilaterales.

La mayoría de los países que integran PROSUR tiene también en común una crisis de legitimidad en sus respectivos países.[8] Viendo en conjunto el panorama regional, PROSUR puede entenderse en varios sentidos: reordenamiento geopolítico de la región, con gobiernos de derecha desactivando un proyecto de integración como UNASUR. Venezuela en este sentido, no sólo es un país estratégico por sus recursos naturales como petróleo, gas, oro y coltán, sino que es un país que propuso una geopolítica distinta a la de EE. UU., con esquemas de integración más allá de lo comercial, y es pieza clave en la estrategia estadounidense de convertir a la región en un espacio ideal para las inversiones de sus empresas, pero también para poner un alto a la presencia china[9] y rusa en la región.

En este sentido, aunque a priori la intención de PROSUR es ser un organismo flexible con una estructura liviana y no costosa,[10] no descarta la creación de una estructura burocrática, la cual intente revitalizar al ALCA como esquema de integración sudamericana que vuelva a mirar más al Norte, concretamente, a los intereses empresariales estadounidenses.

En definitiva, PROSUR es un tipo distinto de integración que va más allá de un simple foro; implica un reordenamiento geopolítico de la región y de largo alcance en temas de infraestructura, exportación de recursos estratégicos, apertura energética, acuerdos de libre comercio e inversión y seguridad. En este sentido, es clave que EE. UU. ya cuente con acuerdos comerciales bilaterales con varios de los miembros de PROSUR.

No obstante, también hay que destacar que, en la medida en que no es un foro de alto nivel y que no cuenta ni con el trabajo conjunto de los gobiernos y de las diplomacias de los distintos países de la región[11], carece de bases tan sólidas como las de UNASUR. Además, replica la falta de consenso que llevó al Grupo de Lima a apagarse paulatinamente, toda vez que no logró conseguir el apoyo de México, Uruguay, y tampoco de Bolivia.

En este sentido, el crecimiento de PROSUR podría ser bastante limitado, en tanto que Panamá y México son miembros observadores de la UNASUR, y uno de los presidentes más poderosos de la región, Andrés Manuel López Obrador, desconoce el avance intervencionista que se ha iniciado en contra de Venezuela de la mano del Grupo de Lima.

Por otra parte, la Comunidad del Caribe (CARICOM) ha mantenido una posición independiente sobre Venezuela, influenciada por la preocupación ante una posible intervención militar externa. Por ello sería difícil que se sumara a las prerrogativas de PROSUR, abiertamente hostiles a Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Finalmente, detrás de la creación de PROSUR está el último intento del Gobierno estadounidense de avanzar en el programa imperialista, vía la destrucción de las instituciones integradoras de bloques regionales que no le son afines. Un objetivo que queda formulado en la Doctrina Monroe (1823) y su sucedáneo, el Panamericanismo (1885-1889), y que con ahínco intenta rescatar el presidente Donald Trump, avanzando en una carrera incansable por lograr aquello que William H. Taft enunció en 1912: apropiarse del hemisferio en virtud de su supuesta superioridad.[12]

 

 

[1] https://www.alainet.org/es/articulo/198824

[2] “5. Que los requisitos esenciales para participar en este espacio serán la plena vigencia de la democracia, de los respectivos órdenes constitucionales, el respeto del principio de separación de los Poderes del Estado, y la promoción, protección, respeto y garantía de los derechos humanos y las libertades fundamentales, así como la soberanía e integridad territorial de los Estados, con respeto al derecho internacional”.

[3] “1. Nuestra voluntad de construir y consolidar un espacio regional de coordinación y cooperación, sin exclusiones, para avanzar hacia una integración más efectiva que nos permita contribuir al crecimiento, progreso y desarrollo de los países de América del Sur”.

[4] Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) se creó en 2008 y comenzó a funcionar en 2011, conformada por 11 de los 12 países que conforman la región.

[5] https://www.cancilleria.gob.ec/unasur-avances/

[6]https://twitter.com/ernestosamperp/status/1108882344927207424/photo/1?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E1108882344927207424&ref_url=https%3A%2F%2Fwww.france24.com%2Fes%2F20190322-prosur-unasur-chile-pinera-duque

[7] https://www.afp.com/es/noticias/17/sudamerica-lanza-prosur-nuevo-bloque-regional-que-excluye-venezuela-doc-1ey2nb5

[8] https://www.celag.org/la-desaprobacion-derecha-america-latina/

[9] https://www.celag.org/ascenso-china-impacto-america-latina/

[10] “3. Que este espacio deberá ser implementado gradualmente, tener una estructura flexible, liviana, no costosa, con reglas de funcionamiento claras y con un mecanismo ágil de toma de decisiones que permita avanzar a Suramérica en entendimientos y programas concretos de integración en función de los intereses comunes de los Estados y de acuerdo a sus propias realidades nacionales”.

[11] https://www.pagina12.com.ar/182631-prosur-un-error-estrategico-que-costara-reparar

[12] “The day is not far distant when three Stars and Stripes at three equidistant points will mark our territory: one at the North Pole, another at the Panama Canal, and the third at the South Pole. The whole hemisphere will be ours in fact as, by virtue of our superiority of race, it already is ours morally” Jenny Pearce, Under the Eagle, Boston: South End Press, 1982, p.17.

FUENTE: https://www.celag.org/un-prosur-para-la-desintegracion-regional/

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Cómo estaría Bolivia sin la injerenCIA de EEUU? Que pasó en Panamá?


En solo 13 años y con un gobierno digno y soberano, lejos de la injerenCIA de los EEUU, ha quedado más que demostrado que se puede crecer pero no como Panamá. Los cambios en Bolivia son más profundos y sus datos de crecimiento en todos los rubros son mas igualitarios, esto a pesar del contexto regional (Argentina, Brasil) donde la crisis económica traspasa las fronteras y nos afecta.

No se necesita ser un genio para saber que hoy seríamos toda una potencia regional si EEUU nunca habría metido sus garras injerencistas en nuestro país.
Xel
(Marzo 04, año 83 DFC)

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Primer més de nuestras autoproclamaciones


Y para los que se perdieron la autoproclamación de nuestra Emperatriz hace un més:

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Dossier con Walter Martínez 251018 Proceso de descolonización Latinoamericana – Karina Ochoa

Este video también va dedicado al tema de Octubre y la lucha por descolonizar nuestras mentes.

La entrevistada es una sociologa e investigadora mexicana que expone y desglosa la forma en que la ideología colonial convive y se reproduce en nuestra sociedad Latinoamericana. Ella sostiene que el aumento de los feminicidios en todo el continente tiene mucho que ver y se explica a través de cómo nuestras sociedades están subyugadas por la ideología colonial, donde el papel de la Iglesia en esta masacre diaria, ‘es básica’ (textual).

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Bolsonaro, tres hipótesis y una sospecha

Jair Bolsonaro (Foto: FÁBIO MOTTA,GP1 )

(Por ) La sorprendente performance electoral de Jair Mesías Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del Brasil suscita numerosos interrogantes. Sorprende la meteórica evolución de su intención de voto hasta llegar a arañar la mayoría absoluta. Y no fue el atentado lo que lo catapultó la posibilidad de ganar en primera vuelta. Veamos: en los últimos dos años su intención de voto fluctuó alrededor del 15 por ciento, pese a que está próximo a cumplir 28 años consecutivos como diputado federal (y con sólo tres proyectos de ley presentados a lo largo de estos años). Ergo, no es un “outsider” y mucho menos la personificación de la “nueva política”. Es un astuto impostor, nada más. A comienzos de Julio su intención de voto era del 17 por ciento: el 22 de Agosto, Datafolha marcaba un 22 por ciento. El 6 de Septiembre sufre el atentado y pocos días después las preferencias crecieron ligeramente hasta alcanzar un 24 y un par de semanas después subía al 26 por ciento. En resumen: un módico aumento de 9 puntos porcentuales entre comienzos de Julio y mediados de Septiembre. Pero a escasos días de las elecciones su intención de voto trepó al 41 y en las elecciones obtuvo el 46 por ciento de los votos válidos. En resumen: en un mes prácticamente duplicó su caudal electoral. ¿Cómo explicar este irresistible ascenso de un personaje que durante casi treinta años jamás había salido de los sótanos de la política brasileña? A continuación ofreceré tres claves interpretativas.

I

Primero, Bolsonaro tuvo éxito en aparecer como el hombre que puede restaurar el orden en un país que, según pregonan los voceros del establishment, fue desquiciado por la corrupción y la demagogia instaurada por los gobiernos del PT y cuyas secuelas son la inseguridad ciudadana, la criminalidad, el narcotráfico, los sobornos, la revuelta de las minorías sexuales, la tolerancia ante la homosexualidad y la degradación del papel de la mujer, extraída de sus roles tradicionales. El escándalo del Lava Jato y el desastroso gobierno de Michel Temer acentuaron los rasgos más negativos de esta situación, que en la percepción de los sectores más conservadores de la sociedad brasileña llegó a extremos inimaginables. En un país donde el orden es un valor supremo – recordar que la frase estampada en la bandera de Brasil es “Orden y Progreso”- y que fue el último en abolir la esclavitud en el mundo, el “desorden” producido por la irrupción de las “turbas plebeyas” desata en las clases dominantes y las capas medias subordinadas a su hegemonía una incandescente mezcla de pánico y odio, suficiente como para volcarlas en apoyo de quienquiera que sea percibido con las credenciales requeridas para restaurar el orden subvertido. En el desierto lunar de la derecha brasileña, que concurrió con seis candidatos a la elección presidencial y ninguno superó el 5 % de los votos, nadie mejor que el inescrupuloso y transgresor Bolsonaro, capaz de infringir todas las normas de la “corrección política” para realizar esta tarea de limpieza y remoción de legados políticos contestatarios. El ex capitán del Ejército, eligió como compañero de fórmula a Antonio Hamilton Mourau, un muy reaccionario general retirado que pese a sus orígenes indígenas cree necesario “blanquear la raza” y que no tuvo empachos en declarar que “Brasil está lastrado por una herencia producto de la indolencia de los indígenas y del espíritu taimado de los africanos” . Ambos son, en resumidas cuentas, la reencarnación de la dictadura militar de 1964 pero catapultada al gobierno no por la prepotencia de las armas sino por la voluntad de una población envenenada por los grandes medios de comunicación y que, hasta ahora, a dos semanas de la segunda vuelta, parece decidida a votar por sus verdugos.

Ahora bien: ¿por qué la burguesía brasileña se inclinó a favor de Bolsonaro? Algunas pistas para entender esta deriva las ofrece Marx en un brillante pasaje de El 18 Brumario de Luis Bonaparte . En él describió en los siguientes términos la reacción de la burguesía ante la progresiva descomposición del orden social y el desborde del bajo pueblo movilizado en la Francia de 1852: “se comprende que en medio de esta confusión indecible y estrepitosa de fusión, revisión, prórroga de poderes, Constitución, conspiración, coalición, emigración, usurpación y revolución el burgués, jadeante, gritase como loco a su república parlamentaria: “¡Antes un final terrible que un terror sin fin!” [1] Pocas analogías históricas pueden ser más aleccionadoras que esta para entender el súbito apoyo de las clases dominantes brasileñas -enfurecidas y espantadas por el debilitamiento de una secular jerarquía social anclada en los legados de la esclavitud y la colonia- a un psicópata impresentable como Bolsonaro. O para comprender el auge de la Bolsa de Sao Paulo luego de su victoria en la primera vuelta y el júbilo de la canalla mediática, encabezada por la Cadena O Globo. Todo este bloque dominante suplicó, jadeante y como un loco, que alguien viniese a poner fin tanto descalabro. Y allí estaba Bolsonaro.

Y es que como lo observara Antonio Gramsci en un célebre pasaje de sus Cuadernos, en situaciones de “crisis orgánica” cuando se produce una ruptura en la articulación existente entre las clases dominantes y sus representantes políticos e intelectuales (los ya mencionados más arriba, ninguno de los cuales obtuvo siquiera el 5 por ciento de los votos) la burguesía y sus clases aliadas rápidamente se desembarazan de sus voceros y operadores tradicionales y corren en busca de una figura providencial que les permita sortear los desafíos del momento. “El tránsito de las tropas de muchos partidos bajo la bandera de un partido único que mejor representa y retoma los intereses y las necesidades de la clase en su conjunto” –observa el italiano- “es un fenómeno orgánico y normal, aún cuando su ritmo sea rapidísimo y casi fulminante por comparación a los tiempos tranquilos del pasado: esto representa la fusión de todo un grupo social (las clases dominantes, NdA) bajo una única dirección concebida como la sola capaz de resolver un problema dominante existencial y alejar un peligro mortal.” [2]

Esto fue precisamente lo ocurrido en Brasil una vez que sus clases dominantes comprobaran la obsolescencia de sus fuerzas políticas y liderazgos tradicionales, la bancarrota de los Cardoso, Temer, Neves, Serra, Sarney, Alckmin y compañía, lo que las llevó a la desesperada búsqueda del providencial mesías exigido para restaurar el orden desquiciado por la demagogia petista y la insumisión de las masas y que, a su vez, les permitiera ganar tiempo para reorganizarse políticamente y crear una fuerza y un liderazgo políticos más a tono con sus necesidades sin el riesgo de imprevisibilidad inherente al liderazgo de Bolsonaro. Pero por el momento, lo importante para las clases dominantes brasileñas: subrayamos, lo único importante, es acabar definitivamente con el legado de los gobiernos del PT y sus aliados. Conocido el derrumbe de sus candidatos en las encuestas pre-electorales, incluyendo al delfín de Fernando H. Cardoso, el gobernador del estado de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, aquéllas necesitaban tiempo para pergeñar una nueva fórmula política. Una eventual victoria de Bolsonaro se lo proporcionaría, y hacia él volcaron todo su apoyo en las últimas semanas de la campaña.

II

Segundo, Bolsonaro fue favorecido por el cambio en la cultura política de las clases y capas populares que las tornó receptivas a un discurso que apenas unos años antes hubiera sido motivo de burlas, desoído o repudiado en las barriadas populares del Brasil, para ni hablar en los ambientes de las capas medias más educadas. La crisis económica y social y la ruptura de los lazos de integración comunitaria en las favelas, potenciadas por la falta de educación política de las masas -una tarea que según Frei Betto el PT jamás se propuso como acompañamiento a sus políticas de promoción social- junto a la gravísima crisis institucional y política del país prepararon el terreno para un cambio de mentalidad en donde el llamamiento al orden y la apelación a la “mano dura” afloraron como propuestas sensatas y razonables para enfrentar una situación muy crítica en los suburbios populares y que los medios del establishment agigantaban pintándola con rasgos estremecedores.

¿Es éste un rasgo exclusivo del Brasil? No. Todos los gobiernos latinoamericanos del ciclo político iniciado a fines del siglo pasado con el ascenso de Hugo Chávez cayeron en el error de creer que sacar de la pobreza a millones de familias las convertiría inexorablemente en portadoras de una nueva cultura solidaria, comunitaria, inmunizada ante el espejismo del consumismo, y por lo tanto propensa a respaldar los proyectos reformistas. Sin embargo, como en la Argentina, Venezuela, Ecuador y Bolivia, en Brasil también una buena parte de los beneficiarios de las políticas de inclusión de los gobiernos del PT fue captada por el discurso del orden de la burguesía y las capas medias -atemorizadas y llenas de resentimiento por la activación del campo popular que hizo abandono de su tradicional quietismo- y pregonado de modo abrumador por la prensa hegemónica con el auxilio de las iglesias evangélicas. Estas hicieron lo que el PT y la izquierda no supo o no quiso hacer: organizar y concientizar, en clave reaccionaria, a las comunidades más vulnerables rescatadas de la pobreza extrema por los gobiernos de Lula y Dilma. Y lo hicieron reforzando los valores tradicionales en relación al papel de la mujer, la identidad de género y el aborto y promoviendo una cosmovisión reaccionaria, autoculpabilizadora de los pobres y esperanzada en el papel salvífico de la religión e, incidentalmente, de un oscuro político oportunamente bautizado y renacido como un buen cristiano en Mayo del 2016 en las mismísimas aguas del río Jordán, ¡donde San Juan Bautista hiciera lo propio con Jesucristo! La piadosa imagen de Bolsonaro sumergido en las aguas del río fue masivamente difundida a través de los medios y lo rodeó con el aura que necesitaba para aparecer como el Mesías que llegaba para poner fin al desquicio moral, social y político producido por Lula y sus seguidores. Esta prédica se difundía no sólo a través de los medios de comunicación hegemónicos -sino sobre todo por la Record TV, propiedad de Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios y segunda en audiencia detrás de la Cadena O Globo- sino que también se reproducía en sus más de seis mil templos establecidos en todo Brasil, una cifra abrumadoramente superior al número de locales que cualquier partido político jamás tuvo en ese país. [3] Resumiendo: se verificó, como antes en Argentina y en cierta medida también en Brasil, la inesperada “revuelta de los incluidos” en contra de los gobiernos progresistas que promovieron esas políticas de integración social en la región. [4]

III

Una tercera línea de interpretación dice relación con el eficaz -y por supuesto, nefasto- papel de los medios hegemónicos en el linchamiento mediático de Lula y todo lo que éste representa. En este sentido el papel de la Cadena O Globo y, en menor medida, el de Record TV, ha sido de capital importancia, pero no le van en zaga la prensa gráfica y por supuesto una muy aceitada utilización masiva de las redes sociales activadas por un enorme ejército de militantes y trolls. Las riquísimas iglesias evangélicas disponen de dinero más que suficiente para sostener esta letal infantería comunicacional. Toda esta artillería mediática ha venido desde hace años descargando un torrente de informaciones difamatorias y “fake news” (para cuya elaboración y diseminación ya existen numerosos programas disponibles en la web) que a lo largo del tiempo fueron erosionando la valoración de las políticas de inclusión social del PT y la credibilidad y honorabilidad de sus principales dirigentes, comenzando por Lula. La farsa jurídica mediante el cual se lo condenó, sin pruebas, a pasar largos años de cárcel no mereció crítica alguna de la prensa hegemónica, que previamente había maliciosa y minuciosamente atacado la imagen pública del ex presidente y sus colaboradores. El Lava Jato sirvió para arrojar un pesado manto de desprestigio sobre toda la clase política, no sólo los líderes del PT, y ciertos sectores del gran empresariado. Prueba de ello fue la decepcionante performance de los candidatos de la derecha en la primera vuelta, cosa que anotáramos más arriba.

Pero toda esta movida, la segunda etapa del golpe institucional cuya primera fase fue la destitución de Dilma Rousseff, debía culminar con la detención e ilegal condena de Lula y su proscripción como candidato, única forma de frustrar su seguro retorno al Palacio del Planalto. El efecto combinado de una justicia corrupta y unos medios cuya misión hace rato dejó de ser otra cosa que manipular y “formatear” la conciencia del gran público aseguró ese resultado y, sobre todo, el quietismo dentro de las propias filas de simpatizantes y militantes petistas que sólo en escaso número se movilizaron y tomaron las calles para impedir la consumación de esta maniobra. La complicidad de la justicia electoral en un proceso que tiene grandes chances de desembocar en el derrumbe de la democracia brasileña y la instauración de un nuevo tipo de dictadura militar es tan inmensa como inocultable. Jueces y fiscales, con la ayuda de los medios, arrasaron con los derechos políticos del ex presidente, lo encerraron física y mediáticamente en su cárcel de Curitiba al prohibirle grabar audios o videos apoyando a la fórmula Haddad-D’Avila e inclusive vetaron la realización de una entrevista acordada con la Folha de Sao Paulo. En términos prácticos la justicia fue un operador más de Bolsonaro, y los pedidos o reclamos de su comité de campaña apenas tardaban horas para convertirse en aberrantes decisiones judiciales. Por eso la justicia, los medios y los legisladores corruptos que avalaron todo este fraudulento proceso son los verdugos que están a punto de destruir a la frágil democracia brasileña, que en treinta y tres años no pudo emanciparse del permanente chantaje de la derecha y su instrumento militar.

Va de suyo que este perverso tridente reaccionario y bastión antidemocrático es convenientemente entrenado y promovido por Estados Unidos a través de numerosos programas de “buenas prácticas” donde se les enseña a jueces, fiscales, legisladores y periodistas de la región a desempeñar sus funciones de manera “apropiada”. En el caso de la justicia uno de sus más aventajados alumnos es el Juez Sergio Moro, que perpetró un colosal retroceso del derecho moderno al condenar a Lula a la cárcel no por las pruebas -que no tenía, como él mismo lo reconoció- sino por su convicción de que el ex presidente era culpable y había recibido un departamento como parte de un soborno. ¡Condena sin pruebas y por la sola convicción del juez! La legión de periodistas que mienten y difaman a diario a lo largo y a lo ancho del continente también son entrenados en Estados Unidos para hacerlo “profesionalmente”, en lo que sería la versión civil de la tristemente célebre Escuela de las Américas. Si antes, durante décadas se entrenó a los militares latinoamericanos a torturar, matar y desaparecer ciudadanas y ciudadanos sospechados de ser un peligro para el mantenimiento del orden social vigente hoy se entrena a jueces, fiscales y “paraperiodistas” (tan letales para las democracias como los “paramilitares”) a mentir, ocultar, difamar y destruir a quienes no se plieguen a los mandatos del imperio. Lo mismo ocurre con los legisladores y, en cierta menor medida, con los académicos.

IV

Las interpretaciones ofrecidas hasta aquí tienen por objetivo ofrecer algunos antecedentes que ayuden a la elaboración de hipótesis más específicas y precisas que den cuenta del sorprendente ascenso de Bolsonaro en las preferencias electorales de los brasileños. El hilo conductor del argumento revela la trama de una gigantesca conspiración pergeñada por la burguesía local, el imperialismo y sus personeros en los medios y en la política que va desde la ilegal destitución de Dilma pasando por la no menos ilegal condena y encarcelamiento de Lula hasta la emisión, días atrás, de los falsos certificados médicos que le permiten al mediocre Bolsonaro rehuir el debate con su contrincante que, sin duda alguna, le haría perder muchos votos. Toda la institucionalidad del estado burgués así como las clases dominantes y sus representantes políticos y su emporio mediático se prestan para concretar esta gigantesca estafa al pueblo brasileño. Y en este sentido no podríamos dejar de proponer como hipótesis adicional que tal vez el avasallante éxito electoral de un farsante como Bolsonaro pueda responder, al menos en parte, a un sofisticado fraude electrónico que pudo haberle agregado un 4 o 5 por ciento más de votos a los que legítimamente había obtenido. No estamos diciendo aquí que ganó gracias a un fraude electrónico -como ocurriera en la elección presidencial que en 1988 consagró el triunfo de Carlos Salinas de Gortari sobre Cuauhtémoc Cárdenas en México y tantas otras, dentro y fuera de América Latina- sino que sería imprudente y temerario descartar esa posibilidad. Sobre todo cuando se sabe que a diferencia del venezolano el sistema electoral brasileño no emite un comprobante en soporte papel del voto emitido en la urna electrónica, lo cual facilita enormemente la posibilidad de manipular los resultados. Es sorprendente que esto no haya sido considerado por los sectores democráticos en Brasil habida cuenta de la existencia de varios antecedentes en América Latina y en otras partes del mundo en donde la voluntad popular fue desvirtuada por el voto electrónico. Por algo países como Alemania, Holanda, Noruega, Irlanda, Reino Unido, Francia, Finlandia y Suecia han prohibido expresamente el voto electrónico. ¿Por qué no pensar que la pasmosa performance electoral de Bolsonaro podría haber sido potenciada –si bien sólo en parte, insistimos- por el hackeo de la informática electoral?


Notas

[1] En Obras Escogidas de Marx y Engels (Moscú: Editorial Progreso, 1966), Tomo I, pp. 307-308.

[2] Note Sul Machiavelli, sulla política e sullo stato moderno (Giulio Einaudi Editore, 1966), pp.50-51.

[3] El nada casual crecimiento de las iglesias evangélicas y su conexión con los designios de Washington quedan patentemente reflejados en el artículo de Miles Christi, “El Informe Rockefeller”. Sectas y apoyo del gobierno de Estados Unidos contra la Iglesia Católica”, disponible en http://mileschristimex.blogspot.com/2015/10/el-informe-rockefeller.html

 

[4] Cf. Gustavo Veiga, “El día en que ‘Bolso-nazi’ fue bautizado ‘Mesías’ “, en Página/12, 8 Octubre 2018, en https://www.pagina12.com.ar/147320-el-dia-en-que-bolso-nazi-fue-bautizado-messias . Luego del bautizo Bolsonaro añadió la palabra Mesías después de su primer nombre, Jair. Las diferentes denominaciones evangélicas, asegura Veiga, “controlan una quinta parte de la Cámara de Diputados y en su conjunto orillan el 29 por ciento de la población.”

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. 

FUENTE: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=247749

Relacionado: Bolsonaro y sus 49 millones de votos ¿Es el fin de la política?

Son malas noticias para la ‘Patria Grande’, EE.UU. tiene a sus energúmeno en la casa blanca, Brasil quiere al suyo.

Se viene un época de oscurantismo para Brasil y para la región, que tendrá graves repercusiones en todos los campos, sobretodo en los derechos humanos.

Xel

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La bandera de Sebastián

En la reunión con Trump (presidente de Estados Unidos), el presidente de Chile Sebastián Piñera le muestra “su bandera”, dentro de la de EEUU.

Hay imágenes que marcan la historia de un país, de una sociedad en particular o incluso de la humanidad.

La mayoría de las personas tenemos muy presentes, por ejemplo, la imagen del hombre pisando la luna, la del hombre que enfrentó a los tanques chinos en la plaza de Tiananmén o a la niña vietnamita corriendo desnuda tras haber sido víctima del napalm.

Es que, como dice el dicho popular, “una imagen vale más que mil palabras”. Si bien no podemos cuantificar exactamente el valor de esta afirmación, sí podemos asegurar que las imágenes comunican mucho.

El valor de la imagen en la política es fundamental. Por ejemplo, se afirma que el líder del Partido de los Trabajadores de Brasil, Luiz Inácio Lula de Silva, no fue presidente hasta tanto la sociedad no lo vio vestido de traje. Ataviado de terno un segmento de votantes brasileños se hizo a la idea que así sí se adecuaba a la figura que revestía –para ellos– el cargo a ocupar.

Hay imágenes que generan hechos políticos y marcan la historia de la humanidad. En muchas ocasiones son casuales y en otras planificadas, forman parte de la estrategia del líder, del partido o de la nación, buscan alcanzar un objetivo determinado en una campaña electoral, dentro de la comunicación de gobierno, etc.

Un ejemplo muy claro –y bochornoso– de esto se dio el pasado 28 de setiembre, cuando se celebró en la Casa Blanca una reunión entre los presidentes Donald Trump y su par chileno Sebastián Piñera. En la ocasión, el mandatario latinoamericano exhibió una imagen de una bandera estadounidense que incluía una pequeña bandera chilena formada por dos de las franjas del estandarte norteamericano y la última de sus estrellas.

La bandera seguramente sea el símbolo máximo que tiene una nación. Forma parte de la identidad de un país. Pocas cosas nos causan más emoción que ver ondear nuestra bandera o escuchar el Himno patrio cuando estamos en el exterior. Además tiene la característica de representar a todos los ciudadanos de un país, más allá de ideologías políticas.

Pueden encontrarse muchos significados dentro de la imagen que presentó Piñera al mundo. Quizás el principal refiera a la soberanía. Chile es un país libre e independiente, tiene su propia bandera. Pues bien, es habitual en muchas colonias del mundo –o países que fueron colonizados– tener dentro de su bandera la representación del país imperialista.

Las estrellas de la bandera de Estados Unidos además representan a los cincuenta estados que componen este país, por lo que haber seleccionado la última de las estrellas estaría convirtiendo a Chile en el último de los territorios dependientes del gobierno norteamericano. Mientras que las dos barras significan las colonias que formaban Estados Unidos al momento de independizarse del Reino Unido.

La sumisión de un país a otro quedó reflejada en la imagen, el hecho de querer ser parte de la simbología estadounidense, al punto de forzar el diseño del emblema norteamericano. Además también pueden realizarse innumerables lecturas políticas del hecho, que seguramente no representa mayoritariamente el pensar ni el sentir del pueblo chileno ni latinoamericano.

Piñera explicó posteriormente que el objetivo de su mensaje fue que “Chile está en el corazón de Estados Unidos”, situación además que no es ratificada por la política exterior que impulsa la Casa Blanca.

Haber mostrado esa bandera en el cónclave nos asegura que el hecho estuvo planificado, lo cual agrava la situación, porque alguien pensó en el objetivo a alcanzar y en el significado de la acción.

Todo hecho se convierte en una acción de comunicación, por lo que cada situación que generamos en política trae aparejadas consecuencias, que en ocasiones, cuando no se miden profesionalmente, pueden ser lesivas para un pueblo, para la imagen y reputación de un país e incluso para el futuro de un político.

Escrito por Marcel Lhermitte

FUENTE: https://www.hispantv.com/noticias/opinion/389935/bandera-identidad-reunion-pinera-trump

Relacionado: El bochorno Piñera

Esta es la explicación que brinda el implicado:

Veamos algunas reacciones (ver comentarios):

 

El grado de sumisión al imperio genocida de #EEUU ‘nivel Piñera’.

Respecto a las futuras elecciones en #Bolivia-2019 hacen declaraciones injerencistas post HAYA pidiendo que: ‘quisieran un nuevo presidente para Bolivia con el que se pueda dialogar.’ Es decir, tan sumiso a ellos como lo es Piñera a Estados Unidos.

Xel

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