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María Luciana Cadahi: Clase media y progresismo están ante un desencuentro

La profesora analizó los fenómenos de movilidad social y los retos de estos procesos desde una lente política.

María Luciana Cadahi es profesora del máster Filosofía de la Historia. Foto: Pedro Laguna

La Razón (Edición Impresa) / Mauricio Quiroz La Paz

00:00 / 09 de mayo de 2018

La clase media, cuyos indicadores se miden por las familias que logran satisfacer sus necesidades más elementales con mejoras en sus indicadores de consumo, pasó del 35% en 2005 al 58% en 2017, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). La profesora argentina Luciana Cadahia conversó con Animal Político sobre este fenómeno que también se replicó en otros países de la región a la luz de la irrupción de gobiernos progresistas que lograron articularse sobre la base de organizaciones populares o populistas.

De hecho, en la conversación presentada en esta entrevista se analiza el trabajo A contracorriente (2018), un texto de varios autores sobre el populismo y su papel en un momento de tensiones democráticas entre izquierdas y gobiernos tradicionales.

— ¿De qué trata el libro y qué reflexiones le traen a Bolivia?

— El libro nace a partir de un congreso que tuvo lugar en Flacso (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) en 2015 (…). Es texto colectivo con un espíritu teórico; intenta reconstruir históricamente cómo se ha pensado el populismo y, por otra parte, se plantea un debate más coyuntural sobre el populismo en el siglo XXI, además trata de conectar al populismo como una teoría política en pie de igualdad con otras, para que dialogue con otras como el neoliberalismo. Además, es un libro militante, porque el populismo fue empleado para estigmatizar procesos políticos (…), para descalificarlos.

— Entonces, ¿deberíamos entender al populismo como una teoría que trata de explicar los movimientos populares?

— Creemos que el populismo es una lógica de construcción de lo político; es una manera de construir política que significa una articulación entre los movimientos populares y una determinada propuesta de gobierno para las instituciones. Esto genera un vínculo entre formas de institucionalidad y formas de movilidad popular.

— ¿Cuál es la percepción que tiene sobre los movimientos populares en Bolivia?

— Bolivia es una experiencia populista. El populismo es una especie de referente teórico, una especie de lente desde donde se mira una determinada realidad política. Es propicio leer una realidad política a partir de los lentes del populismo. En el país se puede ver claramente que hay una irrupción de los sectores populares en la vida pública y en las instituciones y hay ciertas formas de movilidad social, de construir imaginarios sociales que en otros momentos habían sido impensables. Está la cuestión de la presidencia indígena, que no es un dato menor, no es el único, pues hay varias cosas a pensar sobre lo que ha significado esta experiencia populista en esta última década.

— ¿Cuáles serían esos ejemplos, esas otras cosas para destacar?

— Está la cuestión indígena en las formas de gobierno, pero también tiene que ver con el tema de pensar en términos democráticos, para democratizar un país. Esto quiere decir desde el hecho de construir un teleférico, que reúne a distintos actores de las ciudades, hasta proyectos de créditos y políticas sociales.

— ¿Qué diferencias halla usted entre estos movimientos sociales y los gobiernos corporativos?

— Esto no solo se ve en Bolivia y es una tendencia global hacia la oligarquización del mundo, donde las corporaciones gobiernan para las corporaciones y eso que llamamos pueblo queda totalmente olvidado en el sentido de que es una forma de gobernar sin importar ni buscar el acortamiento de las brechas sociales ni las brechas ambientales que se crean frente a otro modelo que busca generar instituciones al servicio de la sociedad, del pueblo (…) que busque las respuestas. Y no digo yo que el populismo tenga la respuesta, porque estamos atrapados en modelo de economía neoliberal, marcado por el extractivismo. No obstante, se puede debatir sobre esto desde la experiencia populista, a diferencia de lo que, por ejemplo, puede ser el caso de Argentina, donde ya ni el tema ambiental o de la sostenibilidad de nuestras reservas (de materias primas) despiertan interés para generar una nueva visión en un escenario gris.

— También está el tema de la movilidad social hacia las clases medias. ¿Cómo ve este asunto?

— Las distintas experiencias populistas a lo largo del siglo XX y en este siglo han creado clases medias y ahí emerge la paradoja del populismo, pues se crean clases medias con una cierta lógica de consumo que luego terminan distanciándose del proyecto político que les permitió ascender a ese lugar.

¿Cómo consolidar a clases medias que puedan seguir siendo politizadas y tengan, al mismo tiempo, la conciencia sobre la importancia del proceso que les llevó a ese sitio? Ese es el desafío de esta cuestión.

— ¿Cómo ha percibido usted esta movilidad social en Bolivia, hacia las clases medias, desde el punto de vista académico?

— Tuve la oportunidad de vivir algunos años en Ecuador, cuando fui docente en Flacso, y en ese sentido desde la academia estamos muy interesados en este tema, tanto en Ecuador como en Bolivia. Son países donde existían brechas sociales enormes, sectores poblacionales muy pobres y otros sectores de las élites muy consolidados y, realmente, es llamativa la cantidad de clase media que se va consolidando desde esos tiempos.

En todo caso, este es un fenómeno que hay que estudiarlo desde distintos registros, uno desde el punto de vista económico sobre cuánta clase media se consolidó, pero con más detalle sobre los gustos de las clases medias y su nivel cultural; cómo se relacionan con la cultura, cómo se relacionan con el arte y cómo se relacionan con la política y cuáles son los imaginarios sociales que están construyendo. Esto te permitirá medir la relación que hay entre el proyecto político que les permitió llegar ahí y cómo es que se proyectan hacia el futuro, inclusive desde el punto de vista de la concepción política.

— Pero la paradoja sigue ahí…

— Como decía antes, la paradoja justamente es que hay un desencuentro entre esas clases medias y los proyectos políticos progresistas o populistas. Hay que estudiar este fenómeno para hallar más claves.

— ¿Qué país podríamos tener a partir de estas tensiones y las que se viven en la región?

— Esta es una pregunta compleja porque es difícil responderla desde el terreno abstracto, pues la política es el reino de la contingencia y no podemos pensar a Bolivia de forma aislada, pues hay que tomar en cuenta el movimiento regional que está teniendo lugar. Es necesario leer con mucho cuidado la consolidación de las derechas que se dieron por distintas vías. Brasil por una ruta totalmente antidemocrática; Argentina por una vía democrática, en el caso de Ecuador por una traición al interior del partido.

En el caso de Bolivia, donde todavía está un proyecto progresista, el desafío está en que a pesar de quien gobierne se garanticen las conquistas sociales del progresismo. En Argentina, por ejemplo, desde el primer día que comenzó a gobernar Mauricio Macri, el objetivo fue destruir la institucionalidad del kirchnerismo y sus planes sociales y las estrategias de endeudamiento.

— ¿Qué líneas o elementos discursivos ha identificado en la contienda entre progresismo y las llamadas fuerzas de derecha?

— Es interesante pensar en la teoría, desde la intelectualidad, pero ahora me interesa más identificar cuáles son los relatos que el mismo ciudadano, en tanto votante, está construyendo alrededor de lo que le pasa, de quien gobierna y de cuáles son las otras propuestas políticas. Es decir, la gente que vota no está preguntándose si va por la izquierda o la derecha, pues las demandas de las personas son mucho más inmediatas y en ocasiones se asientan en relatos construidos desde los medios.

— ¿Qué opinión tiene sobre el debate político que tiene lugar en Bolivia sobre la reelección del presidente Evo Morales?

— Es un tema complejo (…). Me parece que el proyecto que lidera Evo Morales debe seguir de una forma en la que el pueblo se sienta bien. Evo como líder, sea en el cargo de Presidente o dirigente indiscutido. Debe haber una experiencia democrática alrededor de esa pretensión de continuidad del presidente.

Pérfil:

María Luciana Cadahi aestuvo en La Paz para la presentación de ‘A contracorriente: materiales para una teoría renovada del populismo’, un texto que plantea reflexiones de varios autores sobre el papel de los movimientos sociales en los procesos de cambio político que se dieron en el continente.

Nació: en Buenos Aires el 18 de marzo de 1982. Profesión: Doctorado en Sociología y Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de Madrid Ocupación: Docente universitaria

Formada en filosofía, Cadahia desarrolló su carrera profesional vinculada a la investigación y la docencia universitaria. Profesora en Flacso y en la Universidad Autónoma de Madrid. 

FUENTE: http://www.la-razon.com/suplementos/animal_politico/Maria-Luciana-Cadahi-Clase-desencuentro_0_2924107611.html

Muy buenas reflexiones que nos permite especular un poco sobre un futuro hipotetico cuando Bolivia vuelva a manos de la derecha. Lo más probable es que ocurra lo mismo que está haciendo Macri en la Argentina: destruir todo lo que dejó el ‘Proceso de Cambio’. La propuesta irracional de Doria Medina sobre transformar el nuevo edificio de la ‘Casa del Pueblo’en Hospital, lo confirma.

Sobre la grán duda: ¿cómo lograr que las nuevas clases medias que surgieron gracias a la revolución del ‘Proceso de Cambio’no caigan en manos de la derecha y terminen odiando al movimiento que los originó?

Estoy de acuerdo en que el rol que juegan los medios de información es importante y por citar un pequeño ejemplo: Camiri vive bajo una ‘dictadura de medios privados’, la mayoría de orientación política contraria al Gobierno, ello permite explicar mucho sobre la realidad político y económica que estamos pasando y qué tipo de clase media tenemos. A esto hay que añadir que históricamente Camiri nunca tuvo partidos de izquierda hasta la llegada del MAS al Gobierno, así que la creación del MAS en Camiri se hizo con ‘la materia prima’ que había y lo que resultó, salta a la vista.

Xel

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Posverdad y los medios de comunicación social

Por: José Ángel Chacón
En la Conferencia magistral: ‘Medios digitales, post-verdad y comunicación legislativa”, que ofreció Alejandro Piscitelli, maestro en Ciencias Sociales , en el marco del IV Encuentro de Medios Legislativos de Comunicación de América Latina y el Caribe organizado por Parlatino; se analiza el panorama desalentador representado por la manera como los políticos utilizan los medios digitales de comunicación para transgredir la noticia.
En la actualidad estamos viviendo dos historias distintas: la verdad y la creada por los medios de comunicación. Lo absurdo es que actualmente, conocemos cada vez más la historia creada por los medios de comunicación y no la verdad.
Un ciudadano que haya querido informarse de verdad, ha tenido que lidiar con noticias falsas en los medios de comunicación. Los medios tradicionales durante los últimos años han perdido gran credibilidad. Pero al mismo tiempo que disminuye la veracidad de la televisión, la radio y el cine, aumenta la popularidad del internet; esto quiere decir, que en la actualidad mayor cantidad de personas están utilizando las Redes Sociales, Facebook, Youtube, otras, para informarse.
Según el doctor Alejandro Piscitelli: ‘vivimos en un mundo donde no conocemos lo que está pasando, no tenemos categorías mentales, intelectuales y conceptuales para comprender lo que está pasando’. Esto significa que estamos viviendo una nueva etapa histórica llamada ‘posverdad’.
¿QUÉ ES LA POSVERDAD?
Según el Diccionario Oxford esta palabra hace referencia a lo ‘relativo o referido a circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales’.
Esta voz es un neologismo que se utiliza para definir la propaganda y la manipulación populistas. Sin embargo el uso del vocablo cae en lo que denuncia; ya que oculta la realidad tanto como quienes la corrompen. Lo contrario de la verdad no es la posverdad, es la mentira. Esta expresión trata de captar la conmoción ocasionada por la victoria de Donald Trump.
La posverdad es un término que define cómo los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, a diferencia de la mentira, la manipulación o la apelación a la emoción. Esto hace que muchas personas opinan muchas veces sin tener datos que compruebe sus opiniones.
LA ERA DE LA POSVERDAD
La posverdad es una señal de un cambio cultural, uno de los más recientes ejemplos ha sido la elección de Trump. Es posible que su aceptación por los electores, fue producto de un cambio o una reacción emocional en una audiencia atrapada por las redes sociales.
Muchas veces somos conscientes de las falacias en los discursos de los políticos; pero nuestro deseo de cambio es tan grande que nos disponemos a aceptarlo con la esperanza de ver una transformación.
La era de la posverdad es una cultura de masas que tiene a las redes sociales y Facebook como los medios de prevalencia. Aquí una opinión reproducida miles o tal vez millones de veces se transforma en algo tan satisfactorio como un hecho.
Vivimos en una época de incertidumbres e inseguridades ya instaladas por la crisis de valores, instituciones, formas de vida y pilares sociales que han provocado un cambio cultural. Este cambio cultural ha sido producto de la decepcionante y tensa realidad social que ha frustrado, indignado o despistado a centenares de millones de personas en el mundo; además, el fracaso de la política y de las instituciones para ofrecer resultados reconfortantes mientras recurre a mensajes desacreditados. La posverdad depende de la repetición a un nivel nunca alcanzado por un debate académico.
LOS EFECTOS DE LAS REDES
El Internet desplazo el monopolio del pensamiento distribuido y organizado alrededor de un sistema más o menos plural de medios profesionales de comunicación en manos de propietarios privados o del sector público.
Hoy, las redes sociales, las comunidades virtuales y los grandes buscadores, se han constituidos en medios alternativos de información ciudadana y de activistas sociales y cívicos. Apesar de que tienen la capacidad de no ocultar nada, carecen de los filtros que certifiquen su veracidad y en consecuencia pueden ser fuentes de promoción y divulgación de posverdades.
Este tipo de mentira y medias verdades se esparce por todos los niveles y enferma la sociedad, por consiguiente, es necesario que la ciudadanía enfrente esta ola de la posverdad con pensamiento crítico, discernimiento, sin dejarse llevar del fanatismo y trabajando por una democracia real y transparente.
Es necesario cambiar la forma de transmitir las noticias,y para que sea objetiva, ha de ser infográfica, visualizada, y pictograma; de seguro, este será un medio eficaz para cambiar el rumbo de la participación directa de los ciudadanos en la política, de manera que el vacío generado a lo largo de los períodos electorales no siga siendo aprovechado por determinados poderes para hacer de los programas electorales y de los partidos políticos papel mojado.

FUENTE: http://escuelanacionaldeformacion.blogspot.com/2018/01/posverdad-y-los-medios-de-comunicacion.html

Relacionado: ‘Este oficio’ por Freddy Morales


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Lula para principiantes

Un paralelo entre la historia de Brasil y la historia de su mayor líder histórico
Lula para principiantes
Los habitantes de un país suelen hablar de otro utilizando como referencia la propia historia. Así sucede a veces con los argentinos y Brasil. Aquí el secretario de Clacso ofrece otra mirada, más real y más compleja.

Desde Brasil

“Brasil no es para principiantes”, sostuvo con su poética despiadada Tom Jobim.

Entender este país exige una inmensa capacidad de imaginación sociológica. El Brasil de hoy conserva sus marcas históricas, la sociogénesis de un pasado que revive día tras día en la prepotencia de sus élites, en la persistencia de sus estructuras esclavistas y en un sistemático desprecio hacia la democracia y hacia los derechos de casi todos sus habitantes, transformados en extranjeros dentro de una nación sin patria.

La historia de Brasil ha sido modelada a golpes y engalanada por narrativas indulgentes que han pretendido explicar lo inexplicable. En definitiva, aunque todo funcione mal, Dios y la alegría son brasileños. ¿Qué más se puede pedir?

Un país cuya independencia fue proclamada por un príncipe, hijo del rey de Portugal, que se consagró emperador “constitucional” y defensor perpetuo del país. Una nación independiente que nació como imperio. Un imperio que permanece hasta hoy gobernado por sus dueños.

Así, la democracia ha sido una excepcionalidad en la historia brasileña. A falta de democracia política y social, Brasil inventó la “democracia racial”, una ficción doctrinaria que bien podría haber servido para construir el imaginario de una sociedad igualitaria, pero que se transformó en el mito que oculta un racismo institucional que transforma a millones de seres humanos en sujetos del desprecio y la exclusión. En la segunda nación con mayor población negra del planeta, la historia la escriben los blancos, el poder y la riqueza la acumulan los blancos, las oportunidades las secuestran siempre los blancos. Los blancos, esos que viven indiferentes ante la violencia y la segregación de los ciudadanos y las ciudadanas silenciados, invisibilizados, abandonados: pobres, negros, campesinos, indígenas, mujeres y niñas violentadas, violadas, seres humanos sin techo, sin tierra, sin nombre, sin derechos.

Brasil, un país continental, repleto de golpes. Y de mentiras. Cuando el régimen militar derrocó al presidente democrático João Goulart, en 1964, prometió restablecer el orden institucional en apenas un día. Permaneció en el poder 21 años. El primer editorial de diario O Globo, después del golpe, sentenciaba: “resurge la democracia”.

Y la democracia resurgió, pero dos décadas más tarde, sustentada en una ley del olvido y de la impunidad frente a los crímenes militares. Nadie sería juzgado. Nadie condenado. El poder se delegó en un presidente elegido de forma indirecta, sin el voto popular, que murió antes de asumir el cargo, transfiriendo así el mandato a un cacique inexpresivo y gris, con aspiraciones de poeta mediocre y heredero feudal de una de las regiones más miserables del país. La democracia quiso resurgir, pero no pudo.

Recién en 1989 se realizarían las primeras elecciones presidenciales desde 1960. Durante casi 30 años, Brasil había conseguido vivir al margen de la más diminuta e imperceptible democracia representativa. Sus élites, sin embargo, explicaban que el período de excepción dictatorial había constituido un verdadero “milagro”, y así comenzó a ser llamado el particular proceso por el que una nación que llegó a crecer más de 30% en apenas un año, pudo transformarse al mismo tiempo en una de las sociedades más injustas y desiguales del planeta.

La ruptura

La historia brasileña desde los años 90 es, más o menos, conocida. Fernando Collor derrotó a Lula con el apoyo solidario de la Red Globo. Collor fue destituido y asumió Itamar Franco, que no hizo casi nada, aunque era bonachón y solía fotografiarse cerca de muchachas sin ropa interior, lo que hizo pensar a muchos que se trataba de un buen presidente. A Itamar lo sucedió el príncipe de los sociólogos, Fernando Henrique Cardoso, que también derrotó a Lula y exigió que, quienes conocían su pasado, olvidaran todo lo que había escrito. En 1998, Lula volvió a ser derrotado por Fernando Henrique, que además de avanzar en un plan de privatizaciones, nunca revirtió y, en algunos casos, empeoró las ya deterioradas condiciones de vida de los más pobres. Durante sus dos mandatos, la pobreza creció o se mantuvo estable, alcanzando, en 2002, al 31,8% de la población. Ese año, Lula ganaría finalmente las elecciones presidenciales.

El ocaso del gobierno Cardoso significó el agotamiento o, por lo menos, el profundo deterioro de un modelo de acumulación y dominación que había imperado desde la transición democrática. A pesar de la crisis del régimen, las élites brasileñas confiaban en que Lula no significaría una amenaza a sus intereses corruptos y mezquinos. Razones tenían. El ex líder metalúrgico, había escrito una carta al pueblo brasileño en la que prometía no amenazar la riqueza y las propiedades de los más ricos, sino desarrollar un programa de inclusión social que sería beneficioso para el país. Si le creyeron porque no les quedaba otro remedio o porque confiaron en que, finalmente, lo habían derrotado, no podremos saberlo. Lo que sí sabemos es que el ex líder metalúrgico no mintió y desarrolló un inédito programa de reformas sociales cuyos resultados fueron excepcionales.

La pobreza bajó significativamente, reduciéndose en 12 años más del 73%. La llamada pobreza crónica pasó del casi el 10% al 1%. Todos los sectores sociales aumentaron sus niveles de ingreso. Los más ricos, por ejemplo, 23%. Pero los más pobres, 84%. Brasil dejó de ocupar el humillante mapa del hambre de la FAO, ampliando oportunidades y condiciones de bienestar hasta entonces inimaginables entre los sectores más pobres del país.

Pero los grandes indicadores sociales, educativos y económicos, en definitiva, el excelente desempeño de su gobierno, no fue lo que dotó a Lula de inmenso reconocimiento y aprobación. Lo que lo transformó en un verdadero mito, en una personalidad de culto y admiración por parte de los sectores populares, fue el carácter fundacional que adquirió su mandato. Los pobres pueden no codificar la sociología o la economía con los encriptados códigos teóricos de los intelectuales, pero no por eso son menos sutiles y perspicaces a la hora de comprender su propia realidad social.

Los pobres saben, por ejemplo, que el ingreso tiene que ver con sus capacidades y oportunidades de bienestar. Así, operacionalizan esta evidencia en indicadores muy concretos, por ejemplo, tener o no acceso a mayores y mejores niveles educativos, tener posibilidades de acceso al crédito que permite comprar una casa propia o algunos bienes de consumo básicos, tener energía eléctrica, cloacas, agua potable y, cuando exageran en sus aspiraciones de bienestar, poder viajar a visitar sus seres queridos en avión.

Todo esto, que constituye un inventario de derechos y oportunidades básicas en cualquier república moderna, nunca había estado al alcance de millones de brasileños y brasileñas. El gobierno de Lula, y posteriormente el de Dilma, ofrecieron, por primera vez, la oportunidad efectiva de sentirse ciudadanos y ciudadanas a un inmenso contingente de personas que habían sido despreciados, descartados y humillados por unas élites que fingían desconocer su existencia como sujetos de derechos o como simples seres humanos con necesidades elementales nunca satisfechas.

Lula vino a reparar esta injusticia histórica. Y lo hizo con una enorme capacidad de gestión y ejerciendo un fuerte liderazgo político, dentro y fuera del país.

La avasalladora fuerza de Lula tomó de sorpresa a unas élites indolentes e ignorantes que suponían que un obrero metalúrgico sin instrucción universitaria fracasaría en su afán de dirigir los destinos de la décima potencia económica del planeta.

En una década, Lula y Dilma, redujeron en 53% el déficit de acceso a la vivienda digna. Construyeron más de 1 millón 700 mil casas populares, universalizaron el acceso a la energía eléctrica (en un país con una inmensa desigualdad energética), aumentaron significativamente el porcentaje de domicilios con acceso a agua, duplicaron la matrícula universitaria, construyeron más universidades y escuelas técnicas que en toda la historia del país hasta el 2002. Todas estas políticas fueron el resultado de poner a los pobres en el centro del presupuesto nacional, beneficiaron especialmente a la población rural, a las mujeres, los jóvenes, las comunidades indígenas y la población negra.

Si quisiéramos entender Brasil con ojos argentinos, aunque con enormes diferencias y especificidades históricas, deberíamos pensar que Lula cumple un papel mucho más cercano al que Perón ejerció desde 1946, que al de Néstor Kirchner desde el 2003, ante la crisis del 2001. El presidente Kirchner tuvo un papel excepcional en fundar las bases de una república construida sobre los pilares de la igualdad, los derechos humanos y la justicia social. Lo hizo con una gran capacidad de gestión, gobernando un país en ruinas, pero teniendo como referencia un imaginario y una historia que pretendía ser recuperada o refundada.

Lula no. Lula es el fundador. El gran arquitecto democrático de un Brasil, que nunca existió.

La poderosa y contundente consigna de que “la patria es el otro”, es la emotiva síntesis de una década de realizaciones que hemos conquistado colectivamente. La síntesis que gana sentido y referencialidad en un pasado común y se encarna de manera viva en la necesidad de construir un nuevo presente. Es el pasado que se proyecta y se espeja en nuestros grandes líderes democráticos históricos (Yrigoyen, Perón, Evita, Cámpora, Alfonsín), así como en las víctimas de la dictadura y en nuestras heroicas madres y abuelas. Es el futuro posible, ante la existencia de un pasado real.

Más tarde

Brasil no tuvo ese pasado. Ni ningún otro comparable. Medio siglo más tarde que la Argentina, Brasil cumplió el mandato que muchas veces les ha cabido en América Latina a los gobiernos populares: ser las administraciones que instalan, construyen y defienden un orden republicano, modernizador y democrático, frente a la barbarie predatoria que imponen unas élites del atraso que siempre parecen tener nostalgia de la Edad Media.

Lula funda el Brasil republicano. Es el líder que no está dispuesto a aceptar que no haya espacio para todos y todas en un país de iguales. Y el que, sin tapujos ni remordimientos hipócritas, no tiene miedo de decir que aspira a que todos vivan mejor, que los pobres puedan comer bien, vivir bien, tener sus hijos en las universidades, ser propietarios de las casas en las que viven. Lula no aspira a ser un hippie con onda, predicando una crítica desenfocada a los bienes de consumo. Porque sabe que de ellos depende la posibilidad de hacer de la vida digna una oportunidad efectiva y no una falsa promesa.

¿Por qué el juez Moro encarcela a Lula sin otra prueba que su propia convicción? Porque ha sido la estrategia que el poder financiero (improductivo y predatorio), el gran monopolio comunicacional que es la Red Globo, y sectores políticos conservadores (entre ellos, el del ex presidente Fernando Henrique Cardoso) han encontrado para acabar con lo que creen ser un antecedente inaceptable para ese Brasil egoísta y mezquino cuyos privilegios siempre han preservado. No aceptan que Lula vuelva al poder. Creyeron que el golpe contra Dilma Rousseff lo hundiría. Se equivocaron. Ahora creen que, encarcelándolo, podrán silenciarlo. También se equivocan.

Quieren acabar con ese metalúrgico porfiado y persistente que parece no estar dispuesto nunca a rendirse y entregar las armas de la dignidad, la confianza en la política y la certeza en el valor de las movilizaciones populares. Pero también quieren acabar con todos los Lulas que están por venir. Quieren acabar con lo que consideran un virus fatal contra sus privilegios y su impunidad corrupta: la posibilidad de que muchos y muchas puedan pensar que, si alguna vez un metalúrgico sin escuela, nordestino y pobre, pudo gobernar el país, otros y otras como él podrán hacerlo.

Están encarcelando a Lula, encarcelan una idea. Aspiran a encarcelar el futuro. No podrán. No habrá espacio en las cárceles para esa multitud de hombres y mujeres libres, que seguirán luchando por la construcción de un futuro que les pertenece y nadie podrá robarles.

* Secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.

Un resumen de la trayectoria de Lula desde los ojos argentinos.
Solo puedo decir, después de ver lo que le está pasando a Brasil, cuán afortunados somos de tener la estabilidad política y el buen desempeño de nuestra economía en general.  La recesión económica que afecta a Camiri y toda la zona es regional y tiene varios factores, que comienzan en el centralismo departamental y terminan en la división e inestabilidad política del Municipio Camireño.
Volviendo al tema, tenemos que aprender que a la derecha vendepatria no se le debe tener ninguna consideranción y no se debe ceder ni un milímetro de espacio, nada! Solo vean lo que están haciendo con Lula, lo que hicieron con el Paraguay, Honduras, el Ecuador de Lenín “Traidor” Moreno, el Perú de PPK y la Argentina del facho Macri.
Xel

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La Batalla de Canchas Blancas

Canchas Blancas

Por: Reymi Ferreira

Uno de los episodios escondidos por la historia chilena es la batalla de Canchas Blancas, y hasta hace no mucho desconocido por la propia historia boliviana. ¿Cuáles fueron los motivos para ocultar esta batalla que impidió que el invasor llegara a Potosí? Algo parecido ocurrió con la batalla de Tambillo, hasta que la película Amargo Mar la sacó a relucir en 1984.

La batalla de Canchas Blancas, ocurrida el 12 de noviembre de 1879, tuvo como protagonista al coronel boliviano Lino Morales. También participaron los coroneles Juan Ayoroa, Teodoro Villarpando y Mariano Colodro, comandando a soldados e indígenas. El saldo de la batalla, además de muertos y heridos, fueron armas, mapas, notas impresas de agitación para Paraguay y Argentina, y contactos chilenos en esos países. Read the rest of this entry »

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La mujer que realizó la exposición más dura de Bolivia contra Chile en La Haya

Monique Chemillier-Gendreau, Abogada francesa

La Imagen del Día Braga viene del diario Publimetro, que destaca a lo duros alegatos de Monique Chemillier-Gendreau, quien para argumentar a favor de Bolivia, acusa a Chile de “invadirlos”.

La francesa repasó la historia limítrofe entre las dos naciones y dijo que Santiago ocupó en 1879 el puerto de Antofagasta, Calama y San Pedro de Atacama.

Monique Chemillier-Gendreau está a punto de cumplir 83 años y es especialista en derecho público y ciencias políticas, además de presidenta honorífica de los juristas demócratas franceses.

La abogada recapituló en su alegato de esta mañana, los distintos intentos que buscaban otorgar una salida soberana al mar a Bolivia mediante la entrega de un puerto propio y cómo gobiernos de Chile en todos estos acercamientos muestran un doble discurso.

“No concuerda con la realidad decir que no ocurrió nada”, señaló Monique para comenzar su intervención.

“Bolivia se recuperó de los traumatismos de la guerra, pero no se recuperó de la amputación de todo su litoral. Estar privado de litoral, significa para este país someterse a daños económicos catastróficos”, agregó.

“El derecho internacional abre puertas, que permiten corregir la flagrante injusticia que está en el origen de este litigio”, expresó Chemillier, una de las miembros más respetadas del equipo jurídico boliviano.

“El Litoral chileno debería convertirse en boliviano inmediatamente”, aseveró. “Todas las fases de negociación tenían como objetivo llegar a un acuerdo que ponga fin a este litigio. Cuando Chile declara que quiere satisfacer los deseos del estado boliviano no queda duda que existe un tema pendiente”, y puntalizó que “todo empezó por el nitrato que aunque estuvo situado en Bolivia fue declarado en territorio chileno, fue así que Chile poco a poco fue invadiendo el país, arrastrado por sus apetitos económicos”.

“En 2011 Chile desvaneció toda esperanza que durante en 130 años dio al pueblo boliviano. Para Chile la revisión del tratado de 1904 no es necesaria para dar solución al pedido de Bolivia de un acceso al mar”, argumentó. En 1923 hubo un intercambio de notas donde Bolivia aún aguardaba tratamiento del acceso soberano al mar, pero Chile término desconociendo cualquier ofrecimiento realizado hasta el momento.

Y concluyó: “Bolivia espera de esta alta jurisdicción que tenga en cuenta este acuerdo largamente reconocido entre Bolivia y Chile”.

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Mientras tanto en la línea 75 de Santa Cruz de la Sierra

 

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Yuri Knórozov, el desciframiento de la escritura Maya

Yuri Knórozov, lingüista, epigrafista y etnólogo ruso con su gata Asia, a la cual siempre trató como coautora de su descubrimiento.

Hace muchos años leí “El mundo Maya” de David Adamson, en la que describe los descubrimientos y exploraciones de los primeros arquéologos y las primeras propuestas para revelar el indescifrable códice Maya, la escritura de la fabulosa cultura Maya, en el libro (1975) apenas se menciona el aporte del científico ruso Yuri Knórozov y no se lo valora tal como ahora.

Aunque no lo crean, al igual que en el mundo pestilente de la política, el mundo de la ciencia también está plagada de rivalidades enconadas por obtener fama, prestigio y gloria.

Ahora México honra al científico Ruso que descifró la escritura Maya (LEER artículo completo)

Comparto este documental que aporta mucho sobre el grán trabajo de este genial científico ruso: Knórosov: El desciframiento de la Escritura Maya

El punto de partida para su estudio y descubriemto es decisivo y de una lógica irrefutable cuando aborda este problema del códice Maya que se creía sin solución; decía él como tésis: ¿Cómo que un problema sin resolver? Lo que fue creado por una mente humana, puede ser resuelta por otra. En este sentido, los problemas sin solución, no existen. Y no deben existir en ningún área de la ciencia.”

Por su aporte educativo, ojalá que este material pueda llegar a nuestros estudiantes de secundaria. Poco a poco nos vamos haciendo una mejor idea sobre nuestros orígenes ancestrales en el continente, queda mucho por investigar y descubrir.

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Banderazo: Programa 10 de Marzo

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El binomio Evo – Álvaro

Binomio presidencial del Estado Plurinacional de Bolivia

En una orquesta sinfónica resulta toda una hazaña encontrar al segundo violín. Primero porque la gran mayoría de los grandes músicos no desea serlo y segundo porque no se entiende que en una gran obra, cada uno de sus componentes es esencial para conseguir construir una hermosa sinfonía. Asimismo, porque se desconoce que el propósito del segundo violín no es menor, ya que debe potenciar, hacer notorio y lograr que el primero alcance su máxima expresión musical.

Como en el mundo musical, en la vida política es sumamente difícil encontrar un brillante segundo violín que potencie al primero, es decir, un camarada leal que impulse las ideas y materialice las acciones de su líder. Marx lo encontró con Engels, quien orgulloso expresaba a sus amistades: “Al lado de Marx siempre toqué el segundo violín”; acciones de afecto y lealtad por la que Lenin llegó a expresar sobre Engels: “Su afecto por Marx mientras vivió y su veneración a la memoria del amigo desaparecido fueron infinitos”.

En nuestro caso, el presidente Evo encontró su segundo violín en el vicepresidente Álvaro, a quien, a lo largo de este Proceso de Cambio, ha calificado como su yunta “insustituible” afirmando que “un toro blanco y un toro negro son una yunta para trabajar por Bolivia”.  Nótese la potente analogía escogida por el presidente: yuntas arando de manera alineada la tierra a fin de producir frutos para su pueblo.

No adelante, no detrás, juntos, desempeñando una labor sacrificada pero regocijante en la coyuntura histórica más extraordinaria que Bolivia jamás vivió.

El primero, un líder indígena que sufrió en carne propia las injusticias de una sociedad discriminadora, usufructuada por élites familiares y subyugada a los intereses de potencias extranjeras; que decidió luchar desde las barricadas sociales para luego conquistar el poder y refundar el Estado.

El segundo, un intelectual revolucionario que pasó de la teoría marxista a la praxis política, poniendo en riesgo su propia vida y libertad a fin de allanar el camino para que algún día un indígena gobierne Bolivia. Sin duda, uno de los más preclaros intelectuales de América Latina, quien dejó la lucha armada por la pluma, esa poderosa lanza que perfora conciencias y moviliza acciones. Un hombre cuya lealtad ha cambiado definitivamente la figura de la Vicepresidencia en Bolivia.

Simbiosis perfecta. Un dirigente indígena dotado de gran inteligencia, coraje, dignidad y capacidad de trabajo y un intelectual orgánico del pueblo, solo así se logró un tsunami electoral nunca antes visto en la historia democrática de Bolivia, el año 2006 que además virtuosamente se repelió en dos ocasiones más. Quizá la clave está en lo que alguna vez dijo Alvaro: “Asumí la responsabilidad por defecto. Desde la adolescencia me imaginaba como un subversivo más, o sea pelear y morirme en la lucha por un Gobierno indígena, que soñé desde mis 18 años. Ser ante todo uno de los ladrillos para construir esa sublevación.”

Ante esta realidad tan evidente, nuestras organizaciones sociales, pilar fundamental y razón de ser de la revolución democrática y cultural que vive Bolivia, no pueden equivocar el camino, dejarse llevar por obscuras mezquindades, por ilusiones pasajeras e irreales y sobre todo por lo que dicen los adversarios externos y algunos internos que pretendieron y pretenden crear divisiones, a todas luces inexistentes en un proceso tan grande y extraordinario como el que conduce el presidente Evo.

Sin duda alguna la historia y la razón nos dicen que el mejor acompañante de fórmula para el presidente Evo en las elecciones del 2019 no es otro que Álvaro García Linera, por la simple y valedera razón que no solo es garantía de un buen resultado electoral, sino que es la mejor garantía de una gestión revolucionaria y eficiente para seguir conduciendo este inmenso período de transformaciones que vive la nación Boliviana. Nuestro vicepresidente revolucionario como es, también tendrá que entender que por algo el presidente Evo, varias veces lo ha calificado como insustituible y seguir siendo la ‘yunta’ el ‘segundo violin’ del presidente indígena.

FUENTE: http://www.eldeber.com.bo/opinion/El-binomio-Evo—Alvaro-20180303-0039.html

Desde el 2006, cuando asumen la presidencia el binomio Evo y Alvaro nos enteramos de varios casos en varios países vecinos en que un Vicepresidente traicionaba o le “cerruchaba el piso” al Presidente, esto no ocurrió en Bolivia, aunque la derecha apátrida “rezaba” e incitaba mediáticamente para crear malestar entre ámbos.

Por ello y por el trabajo titánico que realizan para reconstruir casi desde cero nuestro país, hace muchos años que calificamos al duo presidencial como el mejor que tuvo alguna vez un país en toda su historia.

Xel

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Acusan a Macri de traición a la Patria por acuerdos militares con EE.UU.

“Dicha maniobra implica una clara intromisión en asuntos internos que hacen a la seguridad de la Nación Argentina”, explican los denunciantes. | Foto: Reuters

Por los acuerdos para instalar una base militar estadounidense denunciarán al mandatario argentino y otras autoridades. 
El Instituto Independencia acusa al presidente argentino Mauricio Macri, al jefe de Gabinete de Ministros, Marcos Peña; a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, y al ministro de Defensa, Oscar Aguad, por traición a la Patria tras los acuerdos con Estados Unidos para instalar una base militar en ese país.

La denuncia penal fue presentada contra los cuatro funcionarios del Gobierno de Argentina por los delitos de traición a la Patria agravada, revelación de secretos, incumplimiento de deberes de funcionarios públicos y encubrimiento.

 


“Está en peligro la integridad nacional… este Gobierno no está haciendo otra cosa que claudicar a nuestro derechos soberanos”, dijo Daniela Bambill una de las representantes de esta institución en una entrevista a un programa de radio local.

Añadió que este acuerdo llega en medio del “asedio brutal” de EE.UU. contra algunos países de la región como Venezuela.

“La acusación está sostenida en las diversas reuniones que los ministros mencionados mantuvieron los pasados 7 y 8 de febrero en la Ciudad de Washington D C (EE.UU.) con representantes de alto nivel de la Drug Enforcement Administration (DEA) , el Federal Boureau of Investigation (FBI) y el Comando Sur”, sostienen.

>> Argentina acuerda con la DEA despliegue en el norte

Asegura la institución que los ministros Aguad y Bullrich han mantenido conversaciones con Estados Unidos para la instalación de una “fuerza de intervención” considerada una maniobra que “implica una clara intromisión en asuntos internos” en la seguridad del país.

El pasado 9 de febrero, Bullrich selló el compromiso con Estados Unidos para la instalación de una “taks force” o fuerza de intervención en la provincia de Misiones, bajo el argumento de “analizar de dónde viene la droga”.

Durante su presencia en Estados Unidos, Bullrich se reunió con el titular de la DEA, Robert Patterson, y visitó el FBI y la agencia de Seguridad Interior (Homeland Security).

Añaden que estas acciones comprometen la vigencia del Estado de derecho y el bienestar general de todos los argentinos.

Los dirigentes del Instituto Independencia advierten que la decisión del Gobierno de Macri deja la puerta abierta a la “introducción de tropas extranjeras en el territorio nacional sin la previa autorización” del Congreso.

“Hay una contraprestación de parte de la ministra Bullrich que compromete secretos de Estado, poniendo en peligro la seguridad pública, la seguridad militar y los recursos naturales”, alerta la institución radicada en el Conurbano de Buenos Aires.

FUENTE: https://www.telesurtv.net/news/argentina-macri-traicion-a-la-patria-bases-militares-20180224-0017.html

Para nosotros esto significa que la DEA y los gringos la tendremos al Sur.  Para muchos la DEA es es el cartel narco gringo más grande del mundo y toda su historia en Bolivia asi lo demuestra, ellos controlan y también hacen negocios. La violencia, la desigualdad, la inestabilidad política que generan es parte de su trabajo de injerenCIA. Si Macri sigue vendiendo su país a los gringos, la ruta 9 entre Argentina y Santa Cruz de la Sierra tendrá otra importancia.

Esperemos que la demanda por traidor a la Patria contra Macri prospere.  Y aquí debo puntualizar que si algún día volviera la derecha(*) al gobierno en Bolivia, también volvería la DEA con su “ayuda millonaria de lucha contra el narcotráfico”y permitirían instalar una base gringa. Esa sería la intención (quieren los millones de dólares del soborno gringo), otra cosa sería implementarla porque la resistencia de los movimientos cocaleros no lo permitirá.

(*) Entiendase por derecha a todos los políticos vendepatrias actualmente de oposición al gobierno de Evo que incluye al Cartel mediático de la mentira es decir, los principales medios de comunicación de Bolivia.

Xel

 

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